Narices, orejas y retrospectivas

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El problema de ser una vaca sagrada en el mundo del arte es que el público no sólo pide que hagas bien tu trabajo. A la gente, exigentes como somos, también nos gustan las sorpresas y decir eso de «por dónde nos saldrá éste». La parte buena es que, en caso de decepción, los abucheos no son sonados y la expectación se reinicia en vistas a un nuevo proyecto.
Con John Baldessari nunca me ha ocurrido. También es cierto que llevo relativamente poco siguiéndole la pista. Si yo no soy un niño, él mucho menos.

John Baldessari nació en la California de 1931 y ha dedicado media vida a esto del arte. Sus éxitos son tantos que dudo mucho que la presión esté en su agenda. Acumula más de 200 exposiciones individuales y 900 colectivas, y aunque podría, me reservo la lista de galardones que ha recibido hasta la fecha, pues agotaría el espacio que tengo para esta reseña. Lo importante es saber que la galería La Caja Negra expone su última serie de ediciones, una colección de obras llamada Noses & Ears, Etc, una nueva muestra de su facilidad para reírse de los cánones del arte e ironizar acerca de algo tan llano como la narices y las orejas. Porque el título no es una metáfora. Las auténticas protagonistas son esas extensiones de nuestro cuerpo olvidadas durante siglos por el arte, las mismas que, para muchos, son símbolo de vergüenza en caso de exceso o falta. Baldessari lo tiene en cuenta cuando omite otras facciones y condiciona la información ofrecida en sus serigrafías. «Lo que dejo fuera es más importante. Quiero esa ausencia que crea una especie de ansiedad». Y vaya si lo consigue, porque, quieras o no, resulta difícil huir de ellas y de su poderosa simbología, lo que el propio Baldessari llama «el retorno de lo reprimido: mientras más tratas de ocultarlo, más presente está».

Y si en Madrid podemos disfrutar de Noses & Ears, Etc, el público barcelonés puede asistir en el MACBA a una retrospectiva que incluirá, entre otras muchas obras, algunas de las pinturas que sobrevivieron al llamado Proyecto Cremación. El 24 de julio de 1970, el artista quemó toda su obra anterior a 1966 y guardó las cenizas en una urna con forma de libro, un claro ejemplo del inconformismo irónico que sería su sello distintivo. Luego llegaría la fotografía, la pintura, el collage y otras disciplinas en las que ha sido referente e influencia constante. La retrospectiva durará hasta el 25 de abril, y de Barcelona saltará al Tate de Londres, cerrando un ciclo iniciado en el MoMA y el LACMA.

Ahí es nada.

Enlaces: MACBA | La Caja Negra