National Gallery, de Frederick Wiseman

Por Patricia Salvatierra

El Festival de Cine Europeo de Sevilla ofreció en su undécima edición grandes propuestas cinematográficas de directores consagrados como Alain Resnais, de quien se presentaba su obra póstuma Aimer, boire et chanter, o Bertrand Bonello, que tras la maravillosa L’Apollonide, se aventuraba con  Saint Laurent, heterodoxo biopic del modisto francés.También se presentaron títulos de jóvenes talentos españoles,como Las altas presiones, de Ángel Santos, o Sueñan los Androides (Androiden Träumen), de Ion de Sosa.

Sin embargo, entre todas ellas, destacaba un nombre y un título que podrían ser de máximo interés para los lectores de Underdogs: Frederick Wiseman y su National Gallery.

national gallery

 

El director de cine documental, acostumbrado a retratar instituciones de gran prestigio, decidió fotografiar el museo de arte londinense. Su último proyecto dibuja la National Gallery desde diversos prismas, pero siempre desde una posición de observador, aunque en el fondo no sea así. Un director dirige.

La película es un puzzle del museo, disponiendo diversas escenas que presentan diferentes elementos que forman parte de un todo. Frederick Wiseman muestra un seminario en el que un grupo de ciegos está estudiando el Boulevard Montmartre de noche de Camille Pissarro, y asiste a una clase de pintura con modelos. En otra ocasión, acude a la inauguración de la exhibición Turner Inspired: In the Light of Claude y muestra el proceso de gestación e instalación de las exposición Leonardo da Vinci: Painter at the Court of Milan.

Además, se puedenver los intestinos de las obras con las interesantísimas explicaciones de los restauradores y observar cómo un comisario de exposición es entrevistado.

Son especialmente gozosas las escenas de grupos, de diversas nacionalidades y edades, frente a un cuadro, escuchando las curiosidades que el guía les está explicando. Sansón y Dalila, Enrique VIII, El Triunfo de Pan o Vermeer son expuestos ante un público que escucha impaciente.

National Gallery

A lo largo de la película, el espectador no puede evitar pensar dónde había estado aquel cuadro, en la luz, en el por qué y en el cómo.

También aparece aquel visitante que intenta plasmar humildemente (o no) en su libreta a los grandes pintores, y se observa a unos activistas colgando una pancarta en la fachada del museo que reza: “No es un cuadro al óleo. Salvemos el Ártico”. Da que pensar.

La parte interna del museo se ve representada por secuencias de reuniones de los jefes de departamento, que reflexionan sobre las necesidades del público al que se le ofrece una obra de arte, que debaten sobre qué tipo de publicidad e institución quieren ser o que comentan presupuestos.

El documental reflexiona sobre el arte y para el arte, viéndolo como conocimiento de la humanidad, como algo estético y comunicativo. Es el misterio de la intención del artista.

La pintura es una fotografía que sirve para captar, para representar. Es aquella disciplina que engloba muchísimas otras, como la historia o la literatura.

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Habla sobre el cuadro en sí, que es ambiguo y cambiante con el tiempo. Cuadros que muestran una cosa y que pueden representar otra. Una historia en una imagen.

Tras tres horas de maravillosas secuencias, el documento se cierra con una pieza de una pareja de bailarines. Posiblemente, esta esté inspirada en las obras de Tiziano y sea fruto de la exhibición Metamorphosis: Titian 2012, en la que se mostraba cómo las obras maestras de Tiziano continúan inspirando a artistas vivos. Además, en este evento colaboró The Royal Ballet.

Y es bello que se cierre así. Porque en el fondo el arte lo es todo y es un todo. Es deleite, conocimiento, aprendizaje, vida. Es cultura. Es algo necesario. Casi tan necesario como el Ártico.

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