Norrland: Gamberrismo Pixelado

Posted on
Por Bill Jiménez

Hubo una época en la que la industria del ocio tuvo miedo a los videojuegos.  Que si eran muy violentos, que si andaban faltos de valores…; pero eso cambió cuando se convirtieron en un negocio que mueve tanto o más dinero que Hollywood. A partir de ese instante mucha gente empezó a hablar de arte y en la actualidad hora ya no sorprende que un videojuego haya más sangre que en una película de Uwe Boll o que sus líneas de diálogo contengan algún que otro insulto; no hay nada como darle un poco de cotidianidad a los píxeles.

Más allá de las excelencias gráficas de algunas producciones, existe una reciente e importante corriente que aboga por la prehistoria del videojuego, los gráficos de 8-bits, las paletas monocromáticas y las animaciones de escasos frames. Nada de tres dimensiones, interactividad u otros efectismos de nueva generación, el videojuego retro está al orden del día.

Aunque la pelota esté en el campo de la programación independiente, compañías como Capcom con su Megaman y Nintendo con sus reinvenciones de las dos dimensiones se han apuntado a un carro que hermana al jugador adolescente y aquellos que nos dejamos muchas monedas de cinco duros en las máquinas recreativas de la época. Un círculo perfecto que abre un nuevo filón monetario y artístico.

A medio camino de la industria japonesa y yanqui tenemos una Europa concienciada con su papel de ecualizador artístico, repleta de programadores que, a la que se les da una mínima libertad creativa, producen joyas dignas de elogio y respeto.

Cactus pertenece a esta nueva ola. Cactus o Jonatan Söderstrom, un joven programador sueco que lleva años experimentando con la imagen y la mecánica de sus juegos freeware. Los define como “pequeños experimentos disfrazados de videojuego”, y sin duda lo son. Cactus explota el lado bizarro de la programación con temáticas violentas, escatológicas y políticamente incorrectas. En sus creaciones, una surrealista visión del diseño con píxeles, lo importante es el impacto más que los gráficos, o si no, que se lo digan al protagonista de Norrland, su última y más esperada producción, un antihéroe socialmente monstruoso que engulle comida basura, se rinde ante los encantos de un juego tan ‘saludable’ como la ruleta rusa y conduce temerariamente sin miedo a salir despedido por el parabrisas de su coche. Todo ello contado con unos mínimos recursos gráficos y mucho humor. Pero Cactus ya había jugado con el fuego de la censura (si es que existe desde que inventó el «Parental Advisory: Explicit Content») en títulos como Space Fuck, Ad Nauseam, Clean Asia!, etc.

Bueno, bonito (según gustos) y tan barato como gratis. Cactus ofrece gratis todos sus mini juegos, algunos puro fast-food informático. Norrland no ha sido una excepción, aunque primero se ha permitido subastar una edición de diez copias en Ebay y ganarse definitivamente esa etiqueta tan simpática como estigmatizante llamada «de culto».

Enlaces: Trailer | Web

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.