jun 28, 2010
Norrland: Gamberrismo Pixelado
Hubo una época en la que la industria del ocio tuvo miedo a los videojuegos. Que si eran muy violentos, que si andaban faltos de valores…; pero eso cambió cuando se convirtieron en un negocio que mueve tanto o más dinero que Hollywood. A partir de ese instante mucha gente empezó a hablar de arte y en la actualidad hora ya no sorprende que un videojuego haya más sangre que en una película de Uwe Boll o que sus líneas de diálogo contengan algún que otro insulto; no hay nada como darle un poco de cotidianidad a los píxeles.
Más allá de las excelencias gráficas de algunas producciones, existe una reciente e importante corriente que aboga por la prehistoria del videojuego, los gráficos de 8-bits, las paletas monocromáticas y las animaciones de escasos frames. Nada de tres dimensiones, interactividad u otros efectismos de nueva generación, el videojuego retro está al orden del día.

Aunque la pelota esté en el campo de la programación independiente, compañías como Capcom con su Megaman y Nintendo con sus reinvenciones de las dos dimensiones se han apuntado a un carro que hermana al jugador adolescente y aquellos que nos dejamos muchas monedas de cinco duros en las máquinas recreativas de la época. Un círculo perfecto que abre un nuevo filón monetario y artístico.
A medio camino de la industria japonesa y yanqui tenemos una Europa concienciada con su papel de ecualizador artístico, repleta de programadores que, a la que se les da una mínima libertad creativa, producen joyas dignas de elogio y respeto.
Cactus pertenece a esta nueva ola. Cactus o Jonatan Söderstrom, un joven programador sueco que lleva años experimentando con la imagen y la mecánica de sus juegos freeware. Los define como “pequeños experimentos disfrazados de videojuego”, y sin duda lo son. Cactus explota el lado bizarro de la programación con temáticas violentas, escatológicas y políticamente incorrectas. En sus creaciones, una surrealista visión del diseño con píxeles, lo importante es el impacto más que los gráficos, o si no, que se lo digan al protagonista de Norrland, su última y más esperada producción, un antihéroe socialmente monstruoso que engulle comida basura, se rinde ante los encantos de un juego tan ‘saludable’ como la ruleta rusa y conduce temerariamente sin miedo a salir despedido por el parabrisas de su coche. Todo ello contado con unos mínimos recursos gráficos y mucho humor. Pero Cactus ya había jugado con el fuego de la censura (si es que existe desde que inventó el “Parental Advisory: Explicit Content”) en títulos como Space Fuck, Ad Nauseam, Clean Asia!, etc.
Bueno, bonito (según gustos) y tan barato como gratis. Cactus ofrece gratis todos sus mini juegos, algunos puro fast-food informático. Norrland no ha sido una excepción, aunque primero se ha permitido subastar una edición de diez copias en Ebay y ganarse definitivamente esa etiqueta tan simpática como estigmatizante llamada “de culto”.









La AJG Contemporary Art Gallery presentaba el pasado 11 de mayo la primera exposición individual en Espala del artista chilencio Joaquín Cociña (Concepción, 1980), una colección de obras divididas en dos series titulada Fantasmas, unos notables trabajos en carboncillo, herramienta vinculada por tradición a las obras abocetadas y que, en sus manos, adquiere una trascendencia [...]



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