Ombligo sin fondo: Quitándole trabajo a la muerte.

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Por Bill Jiménez

Nuestro presente, pasado de padres y abuelos, nos ha demostrado con creces que la vieja fórmula «hasta que la muerte nos separe» se ha devaluado hasta extremos insospechados. Que fulano y fulana de tal hayan roto sus votos nupciales sorprende, pero no genera la conmoción de otras épocas.
¿Pero qué ocurre cuando la ruptura se produce en una relación de 40 años?
Eso debió preguntarse Dash Shaw antes de ponerse con Ombligo sin fondo, la voluminosa radiografía de los Loony, una familia como cualquier otra que sufre las consecuencias del fin del amor cuando Maggie y Peter, matrimonio en apariencia bien avenido, aprovechan una reunión familiar en su casa de la playa para soltar una bomba de insospechada potencia destructiva.
Y las reacciones son tan variadas como las personalidades de cada uno de sus hijos. Dennis, primogénito, y el más reacio a aceptar la realidad, se tomará como una cruzada la búsqueda de explicaciones; Claire, la segunda hija, representará un papel neutro en el drama, en parte por su incapacidad para hablar más allá de su experiencia, la de una madre soltera; y tercero, el pequeño, Peter, atrapado en sus propias inseguridades, evitará en todo lo posible inmiscuirse en el asunto.

Tres facetas muy diferenciadas que Shaw utiliza para construir una historia de (agarraos) 720 páginas y variados recursos narrativos. Porque Dash Shaw es de esos, no deja nada al azar, y su narrativa, aunque en ocasiones se vea amenazada por la inconsistencia, va más allá de las estructuras clásicas. Ombligo sin fondo no busca la complicidad del lector ni su empatía hacia los personajes, se permite narrar desde la distancia y conceder protagonismo a la crisis, capaz de dictar, aparte del curso de los acontecimientos, el dibujo y la composición de la página (espacios en blanco incluidos).
Y ahí es donde afloran las influencias de Shaw, siendo Chris Ware o Chester Brown sus principales referentes en unas lecciones bien aprendidas y aplicadas.
Porque cualquiera firmaría una trayectoria como la de Dash. No tenía ni un cuarto de siglo cuando terminó Ombligo sin fondo. Su currículo ya incluía obras tan interesantes como Love Eat Brains, Garden Head, The Mother’s Mouth y la recopilación Goddess Head. Paralelo a ellas, Body World, el web cómic que se puede seguir en su sitio oficial; variadas colaboraciones en cortos cinematográficos y Love Eat Brains!, su peculiar banda de pop bizarro.
«Hombre del Renacimiento» podríamos decir si el término no estuviera un poco demodé.

Ombligo sin fondo: Editado en España por Apa Apa Còmics.

Texto: Bill Jiménez
Imagen: (c) Dash Shaw

Enlaces: Dash Shaw | Apa Apa Còmics

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