Ferran Vidal
Ferran Vidal está entre las sorpresas creativas que me llevé el año pasado. Sin ser un novato en esto del arte contemporáneo, desconocía su obra y las distintas exposiciones que la han albergado en el último lustro, la mayoría colectivas ubicadas en Barcelona y alrededores (más algún salto oceánico directo a New York).
De esencia vanguardista, me llama la atención su feroz dominio del color, contenido a voluntad por el bien de una producción en la que se asoman elementos fotográficos, tramas industriales y detalles de street-art. Ferran Vidal es un artista del símbolo, de camuflar entre tormentas de formas y colores unas inquietudes muy mundanas, como la soledad y el tiempo, o rendir homenaje a clásicos literarios como el shakesperiano Sueño de una noche de verano o la populista Cenicienta.
Respecto a su trayectoria escultórica, me fascina su facilidad para cambiar de patrones y apostar por las formas rígidas y simétricas, capaces de generar un equilibrio disfrazado de contraste que no hace más que confirmar la versatilidad de su obra.
Quizá fue esta facilidad para moverse entre mundos lo que más me cautivó de su producción. Ahora me veo en la obligación de seguirle la pista, no sea que me pierda alguna otras sorpresa.
Texto: Oswaldo Reyes
Enlace: Web Oficial


BJ Nilsen: The Invisible City
Para un seguidor de la música ambiental, cada referencia del sello Touch es de obligada escucha. Hemos dejado atrás una década plagada de multitud de obras pivotando entre el ambient de vanguardia, el krautrock más progresivo y hedonista, los interminables drones, refinamientos de la música noise, el techno dub paisajístico… y es posible que haya una gran saturación en este sentido. Para los que no tenemos remedio y nos acercamos a estos discos, creo que estamos ante uno grande. Las manipulaciones de los sonidos, las irrupciones de ruido de Scientia que luego se vuelven elevadoras con el sonido del órgano, la oscura pesadumbre de Virtual Resistance con sutiles espasmos eléctricos casi slowcore, el aire fantasmagórico de estación de tren en Meter Reading y un final solemne con Gradient y la que da título al disco. Brillantes composiciones que le sitúan entre los nombres importantes de Touch en este momento, mirando de reojo a Oren Ambarchi. Y eso es un gran cumplido.
Abatido y hermoso disco.
Enlace: Web Oficial
Texto: Fran Martínez


Eduard Cortés y las redes de Ingrid
Nos pueden decir muchas veces eso de que «la realidad supera a la ficción», pero hasta que no topas con una vida de película no te lo acabas de creer. Esta conclusión podría ser la base de Ingrid, el último proyecto de Eduard Cortés, un film basado en sus experiencias cibernéticas con una misteriosa fotologuera de fascinante (o según se mire, inquietante) vida, una de esas criaturas que tienen más de fuerza de la naturaleza que de ser humano políticamente correcto. Y aunque el resultado también se apoya en especulaciones, gran parte de lo que aparece en el guión es cierto, aumentando el interés por una producción que tiene, entre sus puntos más interesantes, una importante vinculación con las «ahora adoradas, ahora malditas» redes sociales.

El apartado técnico de Ingrid viene a ser un all-star de todos esos artistas que han sabido explotar las virtudes del ciberespacio, gente que muestra sus obras en sitios como Fotolog, MySpace, Flickr y devianART, y que, día a día, aumenta su batería de fans como cualquier otro creador mainstream. Cortés se ha rodeado de nombres tan emblemáticos como Micka Luna, Lyona y Manos de Topo (entre muchos otros) para confeccionar un producto que dialoga con el arte en su mismo lenguaje, con todos los riesgos que esa comunicación conlleva cuando te diriges a audiencias generalistas. Pero quizá esa sea la parte más grata del proyecto, salirse de los cánones aun a riesgo de parecer en exceso «moderno».
Como suele ocurrir en estos casos, son los resultados los que en el fondo hablan, aunque jamás desmerecerán el trabajo de un director como Eduard Cortés, que, aparte de correcto, imprime en sus obras un punto de riesgo digno de elogio. En cualquier caso, Ingrid marca un antes y un después en la forma de vender cine en este país, porque Internet es comunicación y el público sabio, y al igual que escucha, también quiere ser oído.
La virtualidad es secundaria.
Enlace: Web oficial

Albert Madaula
Cuando hablamos de artistas jóvenes y prometedores siempre se corre el riesgo de estar ante un fenómeno astronómico. Sólo la observación y el análisis nos permiten distinguir a las estrellas fugaces, un modus operandi que ha resultado clave la hora de juzgar el trabajo de Albert Madaula.
Madaula es un fotógrafo catalán que me ha sorprendido por su naturalidad ante y tras la cámara. Habilidoso retratista, sus trabajos gozan de una sofisticación que elude los artificios técnicos y se apoya en el instinto para expresar su mensaje. Podemos culpar al talento o a la edad, ya que el primero es evidente y la segunda habla de veintitrés primaveras, una cifra que hace aún más meritorio su éxito.
Pero la cosa no termina ahí. Las inquietudes de Albert no se limitan a la fotografía. Ilustrador y pintor, el suyo es un trazo vivo que se mueve entre el cómic, la ilustración de moda y la caricatura, un triunvirato de estilos vitalista y sólido.
Y como muestra, la exposición que del 26 de febrero al 9 de abril encontraréis en la Alliance Française de Sabadell (c/ de Sant Joan 35), una muestra de fotografías y dibujos que anuncia el potencial de Albert como artista polifacético y brillante.
Enlace: Sitio Oficial


Ernesto Rodera: El hombre que trabaja para los periódicos
En ocasiones no sé qué me despeja más, si el primer café de la mañana o la viñeta de Ernesto Rodera en el diario ADN. Su humor, tan inteligente como corrosivo, nos demuestra porqué la ironía es la mejor arma que tenemos contra las locuras de ese invento llamado sociedad.
¿Cómo respondes cuando te preguntan a qué te dedicas? Has tocado tantas disciplinas que en ocasiones debe ser difícil decidirse.
Cuando era otra cosa (cuando trabajaba en algo de verdad) decía el oficio. Ahora digo que trabajo para los periódicos. Es una respuesta que no suele despertar la más mínima curiosidad. A mí me gustaría explicar lo que hago y cómo y el gran talento que despliego y el poco reconocimiento que recibo y las zancadillas que se me ponen pero nadie parece interesado en tal información.
¿Recomiendas el oficio de humorista gráfico?
Pues sí porque me gusta mucho y peor sería trabajar, y no porque en España hay plazas contadas de esta cosa. Lo juro. Hasta que no se muere uno no ponen (iba decir ‘contratar’ cosa que en periodismo aquí no existe) a otro. En serio. Por malo que sea, el humorista se enquista en el periódico como la humedad y nunca se le echa. A no ser que se cierre el periódico, claro.

¿Qué balance haces de tu trabajo en el diario ADN?
Inmejorable. Lamento, eso sí, que no salga a diario (sólo se publica en días laborables). Y que no me paguen más. Y que no me saquen un póster. Y que la viñeta no vaya en portada. Y… positivo. El balance es positivo. Hacia mí.
¿En alguna ocasión a lo largo de tu carrera te han censurado alguna viñeta o pedido que suavizaras el mensaje?
En el ADN jamás o cosas muy tontas de errores míos. En los periódicos locales (en León) prácticamente a diario se me ha ‘reconvenido’. No se pueden pisar según qué callos. O se pueden pisar pero con una frecuencia determinada. Es su privilegio. Yo siempre digo que en España hay libertad de expresión… si posees un periódico (no digo un ejemplar, digo un diario). Es normal que los dueños de un negocio velen por él. Así que a la pregunta de si alguna vez me han ‘censurado’ la respuesta es no: eso es prerrogativa del Gobierno. Me han echado. Varias veces. Y no me han publicado. Varios cientos. Pero no me han censurado. Lo de El Jueves con los majestacitos fue censura. Ahora los humoristas tienen antecedente penales. Es increíble.

Toro y Moi: Causers of This
El fichaje de Chaz Bundick para Carpark, era un matrimonio necesario y cantado. Su fijación por las viñetas pop de corte lo-fi electrónico de My Touch (2009), toman mayor brillo y una producción con mucho más vigor para su voz en falsete. Emparentado con otros nuevos valores de lo que se llama Hypnagogic pop (nueva etiqueta que ha ido derivando a chill wave y no se cuántas cosas más), es un disco nutrido de melodías de glitch pop y de loops, en una especie de cruce entre Panda Bear y Oval. Salvando mucho las distancias, entra dentro de la generación de cantautores que utilizan el portátil como instrumento principal.
Este disco maneja innumerables referencias, como Prefuse 73, Boards of Canada, momentos funkys de Bibio, synth pop, IDM o ritmos bailables con líneas de bajo a lo Daft Punk. Todo esto suena muy complicado, pero es fácilmente rastreable en hits como la titular Causers of This, Low Shoulder, Blessa o Freak Love. En resumen, un disco capaz de levantar pasiones y fobias a partes iguales, pero que nos despertará una sonrisa en cualquier caso. Ideal para recordarnos el signo de los tiempos y la evolución cíclica de las tendencias ¿Buena señal, o no?
Texto: Fran Martínez


Antonio Moyano y el Art-Plastic
Menorca me ha demostrado en los últimos años que es una impagable cuna de artistas plásticos. Entre los que gozan de mayor proyección comercial podemos encontrar a Antonio Moyano, un pintor cuya propuesta navega por la abstracción y un expresionismo lleno de color y formas desafiantes, sin duda un grato estímulo para los sentidos de cualquier aficionado al arte contemporáneo.
Pero las obras de Antonio Moyano también hablan de formas, de una tridimensionalidad no buscada y surgida de implantar en sus cuadros elementos afines y reciclados como telas, tubos de pintura y cualquier material susceptible a fundirse con el conjunto, transmitiendo a la par su inconformismo artístico, el mismo que ha paseado con éxito por Nueva York, Londres y Berlín. El público se rinde ante el Art-Plastic, nombre con el que él mismo bautizó a su personal conjunción entre pintura y escultura.

Enlace: Sitio Oficial
Texto: Oswaldo Reyes
Imágenes: (c) Antonio Moyano

Eufloria: Jugando con la teoría
Cuando te documentas de un tema concreto, corres el riesgo de leer más de la cuenta y embarcarte en una búsqueda de conocimiento innecesaria, algo muy habitual en este medio intangible que es Internet. La verdad es que yo sólo quería hablar de un videojuego, pero no me pude resistir al trasfondo que lo acompaña, el mismo que me condujo a la vida y milagros de un físico y matemático inglés llamado Freeman Dyson. Pues este señor octogenario, en su momento propuso algunas interesantes teorías para la comunidad astronómica, entre ellas un concepto que la historia bautizaría como el Árbol de Dyson. No entraré en detalles, pero en pocas y rápidas palabras plantea la hipotética existencia de una planta genéticamente alterada que pudiera crecer en un cometa y así sembrar el universo de atmósferas saludables para la humanidad.
¿Fascinante, verdad?
Pues eso pensaron Alex May, Rudolf Kremers y Brian Grainger, el trío de desarrolladores independientes encargados del proyecto que, en un principio, iba a llamarse Dyson y que, tras algunos cambios de última hora, pasó a denominarse Eufloria.
Como os podéis imaginar, la idea de Eufloria es simular en tiempo real el crecimiento de una de esas plantas, consiguiendo que se expanda, se defienda de otros organismos invasores y, según nuestra estrategia, gane terreno a base de conquistas.
La idea es excelente y el entorno inmejorable, y como va siendo habitual en esta clase de juegos, lo que impera es su atmósfera y física. O sea, buena música ambiental y una gravedad hiperrealista, la enésima muestra de que hay gente empeñada en hacer de los videojuegos un ejercicio intelectual más que lúdico.
Y si os cuesta creerlo, el siguiente video tendría que convenceros.
Enlace: Sitio Oficial

I’m not there: Retrato hexagonal
Casi tres años hemos tenido que esperar para el estreno en España de la última película de Todd Haynes, autor cuya filmografía, breve pero muy potente, se caracteriza por la diversidad de propuestas formales para resolver –y reinventar– distintos géneros del celuloide. I’m not there es una nueva e iconoclasta incursión del realizador en el musical y en la biografía, como ya lo hiciera en 1998 con la estupenda Velvet Goldmine; sólo que ahora no proyecta una visión global, entre sociológica y telúrica, sobre un fenómeno de la música popular, sino que se atiene a una inmersión mitológica en el universo de uno de los grandes creadores de nuestra época: Bob Dylan.
I’m not there es una creación poliédrica y multiperspectivista, fragmentaria y yuxtapuesta, un biopic que rehúye de manera consciente todas las convenciones del género. Para empezar, el protagonista no es encarnado por una estrella que ha forzado al límite sus capacidades interpretativas y su aspecto físico con el objetivo de parecerse al referente biografiado, sino que seis actores muy diferentes respecto al original (entre ellos, una mujer y un niño negro) personifican cada una de las seis “máscaras” –Haynes dixit– del cantautor de Duluth. Con ello, el director patentiza tanto la conciencia sobre la imposibilidad de ahondar honestamente en la complejidad psíquica de un genio como la ambición de reflejar una suerte de verdad espiritual y artística del retratado, que sea capaz de trascender las peripecias vitales del mismo y de revelarnos el cómo y el porqué de su fascinación, de su talento y de su creatividad. De hecho, el filme no pretende exponer la trayectoria vital de Dylan; de ahí que las máscaras tengan nombres diferentes y que, salvo en el rótulo de apertura, no se mencione más al homenajeado. Aparecerán, eso sí, sus canciones (la mayoría sintomáticamente en covers), y también, un tanto tergiversadas y deslavazadas, algunas anécdotas biográficas de dominio público en parte de las historias contadas (sobre todo, en las protagonizadas por Christian Bale y Cate Blanchett), con el propósito de recordarnos que, por muy alejadas que parezcan algunas tramas de Dylan y su contexto, son sólo facetas de un mismo diamante.


Federico Fellini. El circo de las ilusiones
Fellini era un genio. Un genio que no dudó nunca en hablar de sí mismo en libros (Fellini por Fellini), entrevistas e, incluso, en sus películas (8 ½). Se gustaba, y le encantaba gustar. Se llevó al huerto a las mujeres más hermosas, y consiguió para su alter ego en pantalla al actor más atractivo del momento en Italia, y casi casi en el mundo entero (lo siento, Paul Newman siempre será el más), el gran Marcelo Mastroiani (nadie ha dicho nunca su nombre tan bien como Sofía).
Sobre él, persona y personaje, director y guionista, artista y artistazo, versa la exposición que acaba de llegar al Caixa Fòrum de Barcelona. Imágenes fijas y animadas, documentos visuales y escritos para documentar quién fue aquél gran mago del cine italiano que convirtió lo grotesco en glamouroso y viceversa. Fellini, El Circo de las Ilusiones. Unas ilusiones tan particulares que todavía, a día de hoy, descubres alguna de ellas en cada uno de sus films.

Anécdotas, fotografías de rodajes, fragmentos, para analizar no únicamente su vida y su obra, sino la vida de un mundo que se hallaba en pleno cambio, en plena ebullición. A mi entender, de las cosas más interesantes, la reflexión sobre el mundo del periodismo, no únicamente el que quedó reflejado en la obra de Fellini, sino también el que se estaba gestando a pie de calle.
Antología antológica.
Enlace: Caixa Fòrum Barcelona
Texto: Noelia Aparicio





