Comportamientos de la personalidad artística al venderla en Internet

personalidad artística en internet

Uno de los primeros requisitos que se le exigen a las marcas que quieren venderse en Internet es la definición de su modelo de negocio, sus objetivos y otros puntos que determinarán la posición que ocuparán en el mercado. Nada nuevo, es el mismo procedimiento que seguiríamos a la hora de alzar un negocio tradicional.

Con el arte ocurre lo mismo. Llega un momento en que hay que apartar los ideales artísticos para centrarse en las virtudes comerciales de la obra, pues por mucha reivindicación que exista en nuestras pinceladas, su destino es exponerse, en el fondo, un gesto comercial.

En caso de que el anterior párrafo te haya parecido ofensivo, incluso insultante, deja de leer. Entiendo perfectamente que existan en el mundo diferentes posturas respecto al hecho creativo, también hacia la mercantilización del arte, así que, en caso de que seas de la opinión de que un arte filtrado por herramientas de consumo como Facebook, Twitter, etc. ha perdido propiedades, te recomiendo una estrategia de la vieja escuela, basada en la asistencia a eventos artísticos y estrechar las manos correctas en el lugar y el momento adecuados.

De esos métodos hablaré en próximos artículos, pero de momento me centraré en la creación de marca. Curiosamente, este gesto viene definido por el discurso aplicado a nuestra producción. Si no existiera, el trabajo se complica, pues la obra será únicamente juzgada por los aspectos formales y, en ese sentido, siempre habrá alguien mejor que tú, salvo que seas una persona virtuosa cuyas creaciones fascinen sin esfuerzo. En ese caso, ya dispones del eje a partir del que girarán tus esfuerzos cibernéticos.

Identificar la personalidad artística es trabajo serio, tanto como aplicarla a una estrategia de márketing. Normalmente, las inquietudes marcan el camino a seguir, la técnica también y, cómo no, cualquier influencia que aparezca en el camino, aunque el movimiento te defina como “epígono de”. En ese caso, el éxito aparecerá en los matices, en averiguar qué diferencia a tu obra del maestro y en qué puede resultar de utilidad ese detalle para el comprador de arte actual. Este último punto resulta difícil de determinar, puede que ni exista. En ese caso, tendremos que crearlo.

¿Qué necesidad genera mi arte? ¿Qué expectativas cumple? ¿En qué se diferencia de otros artistas de discurso similar?

Para salir de dudas, no hay más que ponerlo en relación con el arte de la “competencia”.

Que nadie se escandalice, la palabra competencia cuenta con numerosos matices. No hablo de imponerse de forma implacable sobre las ideas de otros. La competencia aquí es un baremo y, naturalmente, solo funciona si la persona observada vende.

Tus compañeros de estudio no son competencia si andan en la misma pugna que tú. El objetivo son aquellas personas que sabes que venden obra regularmente, algo a lo que tú aspiras. Para ser más específicos, venden una obra que se asemeja a la tuya. Como es normal, puede que no tengas acceso a sus cifras, pero sigues sus exposiciones, qué galería les representa y por cuánto tiempo lleva haciéndolo.

Toda esta información tendría que servir para empezar a pensar cómo quieres venderte en Internet. Recuerda sobre todo que ya no estás ni en un ambiente académico, por muchas opiniones sesudas que se viertan en las redes. Desoye a los idealistas: las vallas de Internet son cortas, así que las experiencias desagradables con tu arte están al orden del día. Podrás explicar a la perfección por qué tu obra se asemeja a la de Francis Bacon e impedir que en tu página de Facebook alguien te acuse de plagio. Si sobrevives al ataque sin lamentarte durante horas quiere decir que tus principios artísticos se han traducido correctamente al lenguaje social de las redes. A partir de aquí, éste evolucionará sin ninguna duda, o se asentará exitosamente hasta el fin de los tiempos. Pero de eso también hablaré en el futuro. Tengo cuerda para rato.


Photo by Samuel Zeller.

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