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Música Reseñas

Prins Thomas

Por Fran Martínez

Parecen lejanos aquellos días en los que se hablaba en distintas webs y revistas de un género llamado space disco, donde relucían los nombres de los reyes nórdicos del mambo cósmico Lindstrom y Prins Thomas. Estilo, al que le declaramos todos amor a raíz del hit I Feel Space de Lindstrom y las innumerables remezclas cósmicas del bueno de Thomas (más que los gritos de horror vomitivo demonizado que produce Belén Esteban), unidas a las de Ewan Pearson, Maurice Fulton, Rub n Tug, Emperor Machine, Invisible Conga People y su Cable Dazed, el sello Permanent Vacation, Italians Do It Better, Todd Terje…

Este escapismo ha impregnado a la música más dispar de la pasada década. Tenemos el ejemplo del dubstep que tomaba referencia a Basic Channel con Deepchord y sus ecos infinitos, al drone metal que creaba monstruosas descargas eléctricas con un enfoque ambiental minimalista, el chill wave de última época con Toro y Moi o Washed Out, la idm más nostálgica impregnando el dubstep, el ingente séquito de músicos apoyados en el prog y el krautrock de los 70 donde reinaban los sintetizadores, la ensoñadora repetición minimalista y la electrónica vintage que impregna al sello Ghost Box.

Mientras todo esto pasaba, el bueno de Prins Thomas editó innumerables remezclas, cada una de ellas reverenciada y perseguida en el momento de lanzamiento; fundó su sello Full Pupp y sacó dos grandes discos con su buen amigo Lindstrom. Para su debut, ha decidido continuar con este traje y entregar una hora de jams cósmicas donde dejarnos volar en espirales sónicas que evocan estilos añejos, olvidados o tal vez perdidos. Todo este letargo creado por una maraña de sintetizadores y reverberaciones, tiene un contrapunto en base rítmica y el gusto de Prins Thomas por el tono orgánico en sus composiciones. Basta con dejarse llevar con Slangemusikk, tararear con la final Attiatte, poner gafas de sol para los destellos de la bola de luces de sala de baile un sábado noche con Wendy not Walter o pedir la nacionalidad germana al encerrarte en Sauerkraut.

En contrapartida, se hace un disco demasiado homogéneo aunque, en líneas generales, satisfactorio para todos aquellos que sientan amor por la locura minimalista progresiva y moroderiana de estos nórdicos. Se hecha de menos el toque pop de muchas de sus remezclas para restarle hermetismo, decisión que ha tomado Lindstrom este año reclutando a su amiga y vocalista Solale para entregar un disco muy recomendable. Por otro lado, ya tienes nueva banda sonora para tus escapadas a la playa, ya sea por cercanía terrenal o por distracción mental.

Enlaces: MySpace | Full Pupp

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