Sion Sono: Love Exposure

Sion Sono, director de películas como The Room o la polémica Suicide Club, estrenó el año pasado su último film: Love Exposure. Ésta fue presentada en el pasado BAFF dejando un maravilloso sabor de boca a los asistentes, quienes le concedieron el premio del público. Por otro lado, también fue premiada con el  FIPRESCI Berlín 2009. La semana pasada, Cine Ambigú la rescató para todos aquellos freaks que no pudimos (o no quisimos) verla en su momento.

Love Exposure se divide por capítulos, completamente innecesarios según mi opinión, y va alternando diversos estilos narrativos que acentúan el universo onírico, enfermizo y rocambolesco de la cinta. Todo ello regado por una buena banda sonora con temas que enmarcan las situaciones y trasmiten los sentimientos de los personajes a la perfección.

Durante las 4 horazas que dura la película hay cabida para absolutamente todo. Aunque el tema principal es el amor puro y la tragicómica historia de amor entre Yu y Yoko, encontramos traumas infantiles, familias disfuncionales, desesperación, locura, humor, violencia, homenaje al cine de artes marciales, gore bizarro con manguerazos sangrientos del estilo Vampire Girl vs Frankenstein Girl, voyeurismo de “braguitas con fresitas”, algún que otro rollo bollo, porno, “festivales de pervertidos” e incluso alguna lagrimilla que se asoma…

El hilo conductor de la película es la religión, que aparece desde el minuto 0 de la cinta. La influencia de aquella se presenta como fanática e irracional con las sectas pero enmarca la película dentro del culto cristiano, al que también critica quedándose bien a gusto. ¿No quiere pecados, padre? ¡Pues tome tres tazas!

Detrás de todo ello yace la verdadera razón de la película: la crítica a la sociedad japonesa que está acabando con los jóvenes. Sono muestra una sociedad plagada de dogmas, falsas creencias y fanatismos absurdos que embrutece a la juventud, a su futuro, quienes cada vez están más enfermos.

Aunque a priori parezca un pastiche sin sentido e inaccesible, no lo es en absoluto. Es una obra compleja pero llevadera, llena de emociones para todos los gustos sin llegar a ser excesiva ni pesada. Sono ha sabido plasmar una mirada inteligente, audaz y crítica pero sin dejar de ser divertido, ingenioso y poco convencional. Sin duda, uno de los peliculones del 2008.

Texto: Patricia Salvatierra

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