Sònia Moya: Poesía casera

7 julio 2010 - Entrevistas / Publicaciones / Por Patricia Salvatierra

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Por Patricia Salvatierra

Me cito con Sònia Moya en la estación de tren. Se presenta una chica sencilla y alegre, con ganas de explicarme los entresijos de Gramàtica de l’equilibri, un poemario que le ha llevado a ganar el XLVI Premio de Poesía Amadeu Oller, dirigido a jóvenes poetas inéditos menores de 30 años. Además del orgullo que comporta ganar este premio, la editorial Galerada ha publicado su poemario en una edición sencilla, preciosa y dulce como su autora.

Sònia nació en Cerdanyola del Vallès en 1981. Se licenció en filología hispánica por la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) y trabaja como profesora de lengua y literatura en Manresa (Barcelona) de unos niños a quien ama y no duda en intentarles llevar al mismísimo Luís García Montero para que les de una charla. En esta misma ciudad, colabora en el ciclo ‘Tocats de lletra’ y también ha participado en recitales poéticos como ‘Còdols’ (2009),  ‘Sensuals’ (2008), Casserres Poètic (2009) o ‘Transgressors’ (2009). Pertenece al corpus de Quark Poesia y, además, fue poeta del mes de la revista Ciutat Oci. También ha traducido el ensayo Vincles de Àngels Torras y Míriam Tirado.

Sònia escribe poesía en castellano desde pequeña pero, desde hace unos años, decidió depurar su catalán y adentrarse en la poesía catalana. El año pasado llevó a su colegio a Anna Aguilar-Amat, quien le animó a presentarse a concursos. Sònia tenía miedo de hacerlo porque hasta ahora nunca se había sentido una auténtica poeta (como se ve en su poema Rebaixes) pero, como diría su compañero, ella “es poeta hasta fregando el suelo”. Y es verdad, para Sònia la poesía es una actitud vital. Cuando había decidido olvidar el libro en un cajón, le comunicaron que había ganado el Premio Amadeu Oller de poesía.

Gramàtica de l’equilibri es un libro muy intimista, un análisis gramatical, pero en lugar de hacerlo con una oración, lo hace con su vida, donde estudia sus verbos, nombres y complementos. En el libro se habla no sólo de las relaciones de pareja si no de las experiencias vividas, de lo que se aprende de ellas para ir avanzando e ir mejorando y construyéndonos día a día. Sònia escribe en función de lo que le pasa y eso es un poco de lo que trata la “poesía de la experiencia”. Para Sònia, la poesía es estar como en casa (“i quan arriba a casa, escriu poemes en sabatilles”). En ella  se siente cómoda y está a gusto. Sònia no quiere ser una poeta elitista que debes estudiar para entenderla, sino que quiere llegar a todas partes. Le encanta que las señoras de la limpieza de su instituto la lean y se emocionen.

Se han elogiado muchos aspectos de su poemario, como el lenguaje preciso y original de la cotidianidad, su estructura meditada y consistente e incluso, su tono irónico y juguetón. Sònia, si ve el tono irónico, lo ve más como una ironía triste e incluso, melancólica, que le puede recordar, en parte, a la de Ángel González. Según Sònia, hay humor en las cosas que nos pasan a todos. Así, se trata de una ironía sin malicia que ella misma no ve como una característica dominante del libro.

El jurado puso especial énfasis en ver el libro como una muestra de las relaciones de pareja, pero eso no es del todo cierto, ya que, si afinamos la lectura, sólo la primera parte sería la centrada en ello. Un ejemplo sería la tríada Tupper where, Tupper-why y Tupper-how vista por el jurado como una relación de pareja pero según ella no es así. Trata de ella misma, del hermetismo al que las personas se prestan, cómo se encierran para que no se les haga daño… pero está el problema de no poder salir, de no poder compartir, de no poder ser “comida” ni “comer”. En poemas como estos, vemos que el libro es algo más individualista de lo que se ha comentado. Sería más un poemario que trata sobre la vida de la autora, sobre todos los sentimientos y experiencias de su vida, donde el amor y sus formas también están presentes. Así, el poemario es una “radiografía interior” donde “si ves un músculo roto, haces recuperación para arreglarlo”, en sus palabras, un “striptease total”, donde se dan nuevos significados a las palabras para reflejar el alma de la autora. Por otro lado, se ve la reivindicación de la sexualidad en estado puro (poemas de la segunda parte). Es el estudio de un cuerpo como si fuese un lugar donde esconderse. Vivir un poco el presente. No es poesía erótica pero sí  muy sensual: piel, cuerpo, formas… En ellos, se ve la cama no como sitio sexual sino como un lugar donde el alma se desnuda y las intimidades se muestran.

Su poesía no tiene que ver con la imagen de la mujer degradada que trabaja en su hogar. Se trata de que la casa es su espacio, su mundo también, su intimidad. Como ella dice, “no es incompatible fregar los platos y escuchar Chopin”. Con ello, Sònia reivindica la poesía del día a día, sacar la poesía a fregar el suelo.

Es una poesía muy femenina pero no feminista. Muestra cosas femeninas porque ella es una mujer y nada más. En el poema Crostes se ve a una persona a la que le han hecho daño y no quiere que la persona que se lo ha hecho le venga a decir que no ha sido nada. Si el daño se lo hubiesen hecho a un hombre sería exactamente igual.

Para Sònia la poesía son dos cosas: escribir y recitar. La poesía no se acaba en la escritura ya que no está completa hasta que no se recita y se ve la reacción de la gente. Desde hace muchos años, ofrece recitales en diversos puntos de la geografía catalana. Sònia siente la poesía como algo muy musical y por ello, tocaba su propia guitarra mientras recitaba. Actualmente lo hace junto al magnífico guitarrista de jazz Pau Ruiz, con quien ha grabado algunos temas. Sònia cree que quizás es más interesante recitar los poemas que escribirlos, una vez los tiene interiorizados. Ver como la gente reacciona a sus poemas y cómo se sienten identificados le llena mucho. Cree que su poesía son cosas que nos pasan a todos o casi todos, porque todos queremos sentirnos acompañados o que nos cuiden. Al acabar los recitales, la gente se acerca a abrazarla y felicitarla.

El premio le da fuerzas para seguir adelante, para no abandonar su sueño de la poesía, para trabajárselo y para no dejar de escribir. Por supuesto, agradece las críticas del jurado quienes le han ofrecido una visión nueva que ella nunca podría haber visto. El Amadeu Oller es un premio de prestigio en el que todos los ganadores han seguido publicando y haciéndose más grandes. Es un premio que abre puertas, que te da un nombre. Sònia es consciente de que un premio no vale nada si no te sigues moviendo y por eso está buscando nuevas presentaciones y recitales. Seguiremos informando.

Sònia Moya presentará su poemario Gramàtica de l’equilibri mañana, 8 de julio en el MAC – Museu d’Art de Cerdanyola (Sant Martí, 88 – Cerdanyola del Vallès)

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Comentarios

  1. avatar Marinon dice:

    Brutal la Sònia!

  2. avatar dice:

    Un gran artículo para una gran poeta.¡Gracias a las dos!

  3. avatar rosamaria b. dice:

    Ja es veia a venir. Des de ben jove intuïem un sensibilitat natural i extrema. Endavant, Sònia!

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