Soy inmortal y estoy vivo

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Por Bill Jiménez

Por Bill Jiménez

Quizá no sea el padre de la criatura, pero sí uno de los artistas que más luchó por verla crecer y convertirse en un movimiento con pies y cabeza. Como buen letrista, Gil J Wolman consideraba que las grandes disciplinas artísticas habían tocado techo hace tiempo y estaban necesitadas de una renovación que fueran más allá de las mutaciones a las que, por aquel entonces (finales de los cincuenta) se sometía a al arte contemporáneo. Tanto Wolman como su principal valedor, Isidore Isou, hicieron del letrismo una de las disciplinas más interesantes del pasado siglo, con ecos de todo tipo en el presente, en especial dentro del diseño.

Con el contundente título Soy inmortal y estoy vivo, el MACBA nos ofrece una exhaustiva muestra de Wolman, fallecido en 1995, reuniendo alrededor de 250 obras de su etapa más productiva, desde su afiliación al letrismo a la posterior fundación de la Internacional Letrista, una escisión propiciada por el propio Isou al expulsar (por un motivo que aún se desconoce) a Wolman.

Gil J Wolman - Sans titre, ca. 1966

Dividida en cuatro ámbitos, vale la pena resaltar L’Anticoncept, un llamativo documento audiovisual proyectado sobre un globo de helio y dentro de una sala donde la densa oscuridad nos obliga a refugiarnos en un discurso de imágenes parpadeantes, intermitencias entre blancos y negros, reflexiones y poesías hasta cierto punto inconexas.

El resto de ámbitos siguen una lógica línea temporal, donde se exploran las posibilidades del letrismo tanto en formato como materiales. A través de unas obras sin nombre (pero, en algunos casos, con esclarecedores subtítulos como “se trataba de confundir las semejanzas anteriores” o “pienso en el tiempo”, Wolman plantea una nueva ortografía que, como en la serie de 1957 Metagrafías, ahonda a través del collage en diversas inquietudes ociosas de la época, pizca de futurismo incluida.

Una de las materias primas de Wolman, los recortes de diario y revistas, inciden en los grandes dramas de la época. Titulares de bombardeos se alternan con figuras femeninas, otra imagen reincidente dentro de su universo creativo, un conjunto bajo la sombra de la guerra fría y alguno de sus protagonistas, como Mao (presente en varias ocasiones) o el ex presidente estadounidense Lyndon B. Johnson, compartiendo irónicamente espacio junto a una de las obras más difundidas de Wolman, Pin-up.

Gil J Wolman_Métagraphie, 1954

En esta cita expositiva tampoco han podido faltar las emblemáticas composiciones de art scotch, una técnica consistente en adherir tiras de papel impreso a madera o tela, ni tampoco sus trabajos vinculados al “movimiento separatista” (1978), corriente, hay que decirlo, de un solo hombre, él, en el que abunda la descomposición de las fórmulas tradicionales, con especial énfasis en la fotografía, que en algunos casos, como el del enorme Duhring Duhring, se convierten en magnas obras de más de 3.000 elementos en juego, pequeñas fotografías a modo de estampas acompañadas de una sentencia corta o palabra definitoria. A este periodo se le suma también un experimento “bíblico”, al introducir entre metacrilatos infinidad de recortes del libro sacro más popular de los últimos dos siglos. Y al igual que la religión es susceptible a este cisma artístico, la propia naturaleza también experimenta la perspectiva de Wolman en el Árbol separado, una escultura que representa literalmente su título y revela la profundidad dimensional de sus consignas.

Para ser la primera muestra que se realiza de este artista en nuestras fronteras, Soy inmortal y estoy vivo alcanza el sobresaliente. Y aunque quizá posea algunos momentos redundantes, en general, son instantes mínimos que no enturbian un más que digno homenaje a la figura de Gil J Wolman y a su obra, lamentablemente, de pobre difusión en nuestro país.

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