SWAB 2017: más cerca de los barceloneses

Swab 2017

Si bien la naturaleza original de este artículo era desgranar los contenidos de la feria SWAB 2017, la presencia de una frase en la nota de prensa del evento ha redirigido mi interés hacia el público y la que relación que éste desarrolla con el arte en general. No hablo de aficionados ni de profesionales, me refiero a toda esa gente que vive cómoda en la vieja cantinela del arte incomprensible, del producto sobrevalorado dirigido para una minoría que puede adquirirlo sin que su bolsillo se resienta.

Swab 2017: Dionisio González. Interacciones20. 2013. Richard Gallery
Dionisio González. Interacciones 20. (2013) Richard Gallery

“Acercar el arte a los barceloneses” es el punto de partida de un deseo que tiene mucho de causa. No es la primera vez que se emplea en un evento artístico, tanto local como estatal, aunque, por lo general, su presencia es retórica, pocas veces efectiva. En el caso de la SWAB 2017, la organización, con Joaquín Díez-Cascón a la cabeza, ha introducido en la feria elementos interactivos en ella, empleando, eso sí, los códigos del arte. De ahí que en esta décima edición encontremos un stand comestible que hará las delicias de los medios de comunicación que cubran el evento, o una máquina de PacMan de controles y discursos accesibles por el visitante.

Volviendo al acercamiento de la feria a los ciudadanos de Barcelona, este movimiento, similar al del camarero que pulula por nuestra órbita paseando una bandeja de canapés, despierta las siguientes preguntas: ¿Por qué deberíamos asistir a SWAB? ¿En qué me representa un evento de estas características? Las respuestas apuntan a una sutil cadena de causas y efectos.

Swab 2017 Janaina Mello Landini
Janaina Mello Landini. Ciclotrama 57, (2017) Zipper Galeria

Más allá del capital privado que mueve a SWAB, la feria cuenta con una completa lista de colaboradores institucionales vinculados a la ciudad condal. Nombres que en mayor o menor medida han invertido dinero o esfuerzos públicos, ya sea en difusión o en permitir que SWAB luzca acogedora en su actual ubicación. Este compromiso entre instituciones y feria nos autoriza a juzgar sus contenidos, a entender y evaluar la forma en que la segunda está representando a la ciudad y a sus habitantes, por mucho en que estos se empeñen en que el arte contemporáneo no les toca nada. En una ciudad rendida al capital externo (multinacionales, productos culturales estadounidenses, acusado turismo…), podría decirse que SWAB es uno de los pocos espacios en los que el producto local, nacional, si extendemos fronteras, exhibe un peso considerable e interactúa en necesaria igualdad de condiciones con propuestas de medio mundo.

matteo nasini, swab 2017
Matteo Nasini, Dream Portrait, 2016. 3D printed porcelain. Galería Clima

Entre tales interacciones destacaría los proyectos presentados en la sección Focus Mediterráneo, con discursos originales de países de África y Oriente Medio costero. Propuestas que hablan de un contexto que, por lo general, nos llega distorsionado o rentabilizado ideológicamente. Otros países de los que nos arriban convulsiones sesgadas son Brasil, presente en SWAB por primera vez; y Ucrania, con un ciclo de performance de notable carga política que ubican a su población y a sus artistas en un ángulo que difícilmente encontraremos en nuestros medios.

Resaltada la importancia de SWAB 2017 en las dinámicas culturales de Barcelona y la necesidad de una vinculación profunda de los ciudadanos con su programa, vale la pena detenerse en la parte mercantil del evento, reforzada por las acciones de los organizadores y un par de detalles sutiles pero fundamentales. Que la feria cumpla diez años es señal de confianza, de proyecto asentado y con visos de regularidad. Que el Pabellón Italiano repita como sede mantiene en la distancia aquellos tiempos en los que SWAB se paseaba por Montjuic como zapatito de cristal en busca de pie que lo calzara. Ambos aspectos resultan fundamentales a la hora de construir una relación saludable con los coleccionistas, pues de eso se trata en el fondo (y en la superficie): de vender arte y venderlo bien.

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