Ya que el séptimo arte nos defraudó a la hora de recrear las aventuras de Alicia (o lo que pretendiera Tim Burton con su último filme), dejemos que la pintura haga justicia al personaje de la mano del holandés Pat Andrea (La Haya, 1942), que desde el pasado 7 de julio al 26 de septiembre nos demostrará porqué su personal visión del paÃs de las maravillas ha sido un éxito en Francia, Grecia y Holanda.
Para empezar, Pat Andrea es un ilustrador y pintor figurativo que lleva años sorprendiendo al público con la calidad y complejidad de sus propuestas. ParecÃa lógico y hasta necesario que un dÃa apostara por la magna obra de Lewis Carroll, un artista con el que, salvando las distancias generacionales, comparte perspectivas. Porque aunque nos digan lo contrario, lo grotesco, absurdo y surreal sigue siendo una de las asignaturas pendientes de la sociedad moderna, una forma de expresión que en el caso de Andrea pasa por el antropomorfismo, la sensualidad y la violencia. No se necesita al puritano público del siglo XIX para obtener rostros de inquietud y sorpresa.

El viaje ‘a través del espejo’ comienza en la planta baja del Arts Santa Mònica, el museo barcelonés que alberga la exposición ‘Pat Andrea y Alicia’, cuarenta y ocho obras en gran formato a las que se llega siguiendo una de las ilustraciones que, in situ, el propio Andrea dibujó para la ocasión en las paredes del recinto, una de las muchas Alicias que, en este caso, obliga al visitante a seguir su largo cuello hasta la primera planta, donde podemos encontrar más ejemplos de esta acertada simbiosis artÃstico/literaria.
Pero llegar hasta este punto no ha sido una tarea sencilla. El proyecto se inició muchos años atrás y sufrió otros tantos parones creativos. Asfixiantes pausas que finalmente dieron veinticuatro frutos basados en El paÃs de las maravillas y otro par de docenas inspirados en A través del espejo, un conjunto donde la protagonista siempre es la mujer, representada por una Alicia que el propio artista identifica con algunas de las mujeres que han pasado por su vida. Toda la curiosidad, intrepidez y magia de la niña del libro se ve reflejada en las distintas versiones que pueblan la muestra, algunas atemporales, otras siniestras, pero en resumidas cuentas, todas fascinantes.
Enlace: Arts Santa Mònica
Por Laia Ordóñez
El pasado mes de abril se estrenó en España Alicia en el PaÃs de las Maravillas, una nueva propuesta de Tim Burton inspirada en el clásico de Lewis Carroll.
El nombre del director hizo que muchos pensaran que la pelÃcula serÃa una maravilla cinematográfica con toques siniestros y el inconfundible sello Burton. Lejos de serlo, el film es poco más que una colección de elementos visuales en 3D con un guión fiel hasta la exasperación al manual de estilo de la factorÃa Disney.
Del viaje iniciático a la historia de acción
Quien haya leÃdo el libro de Carroll no podrá dejar de preguntarse por qué una historia iniciática, en la que lo fascinante es contemplar cómo el personaje va creciendo a través de experiencias aparentemente absurdas, se convierte aquà en una historia de acción con héroe, antihéroe, objetivos, aliados y todos los ingredientes presentados como necesarios para construir el guión perfecto en cualquier manual de guión.
A diferencia del cuento original, en esta nueva versión no hay margen para el desarrollo de situaciones surrealistas o la realización de segundas lecturas: todo está muy claro y, sobre todo, muy bien atado. No hay ni un cabo suelto, y además todo está hilvanado según una fórmula tan manida que lo que sucede en pantalla es previsible a la legua.

Una estudiada aventura Disney
Al estilo de Hook (Steven Spielberg, 1991), en la versión de Burton se nos presenta a una Alicia ya crecida que ha olvidado su paso por el PaÃs de las Maravillas y cuyo regreso a ese mundo es detonado por la última disyuntiva en su vida de niña: casarse y depender de un hombre, o ser una mujer independiente.
Esta interesante encrucijada, que sin duda guarda paralelismos con la epifanÃa que vivió Alicia la primera vez que visitó el PaÃs de las Maravillas, podrÃa haberse utilizado como base para elaborar una nueva historia iniciática, esta vez de pérdida de la inocencia, que hubiera tenido pleno sentido dada la edad de la chica (19 años) y su contexto histórico (época victoriana).
Sin embargo, lejos de obligar a Alicia a plantearse los pros y contras de cada uno de estos caminos vitales, la historia se precipita hacia un final ingenuo que obvia las limitaciones impuestas por la sociedad victoriana a una señorita como Alicia, a la que jamás se le hubieran concedido las libertades que pretende.
Por lo demás, todo en la trama parece estar ahà sólo para dar paso a lo siguiente: Alicia y sus amigos saltan de una escena a otra rapidito y sin profundizar demasiado, para evitar aburrir (hacer pensar) al espectador y correr el peligro de que la pelÃcula deje de ser apta para todos los públicos.
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