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Café Noir, Ne me quitte pas

Por Ivan R. Saldias

Ante un film como Café Noir sacamos una lectura aproximada del estado del cine asiático, una suerte de termómetro de lo que se cuece a costas del Pacífico.
Concebido como una historia de amor imposible en sendos bloques de hora y media, que, en un ejercicio de valentía, el Baff 2010 ha ofrecido de forma íntegra en una sesión de 197 minutos. Pieza demostrativa de los defectos y virtudes del cine asiático, tomemos en consideración el primer bloque de Café Noir:

Se trata de un film ecléctico y, a ratos, absurdo que narra la relación adúltera entre la mujer de un autoritario político y el profesor de piano, sensible y melancólico, de la hija de ambos. Configurado como una mash-up movie, el bloque supone un refrito de referencias, guiños y homenajes (más o menos resueltos), de escenas, lugares, situaciones y planos de las obras de los realizadores vertebradores del nu asiatique (Hou Hsiao-Hsien, Kim Ki-Duk, Pen-Ek Ratanaruang, o la omnipresente Naomi Kawase).

Cuando abrimos la segunda parte, el realizador del film, Jung Sung-il, destapa una amalgama más inconexa, a priori, que la anterior. Un cambio de registro que sigue pautas y toma contacto directamente con la Nouvelle Vague francesa. La iluminación de la ciudad se reformula y el film se vuelve más angosto.

¿Es entonces la primera parte una mirada al pasado inmediato del asiático (el presente de facto), y la segunda un homenaje al cine del que es deudor?

Bajo esta lectura el film no dejaría de ser una pieza de ensayo histórico. Puede, pero no por ello lo hace menos notorio al contrario.
Tomando el film en su totalidad, observamos que se articula en una anti-trama de escenas y secuencias partidas por un sistema epistolar ficticio. Personajes sumamente simbólicos y referencias mitológicas componen un estado anímico, una especie de sentimiento que embarga al espectador más allá del ensayo.
La pieza oferta escenas realmente memorables de gran belleza compositiva, un guión-puzle estudiado, y una banda sonora maravillosa.
Puede que sabiendo que Jung Sung-il es uno de los críticos cinematográficos de mayor prestigio en Asia, se entienda mejor la dimensión ensayística del mismo, o que la semiótica que comparte con su buen amigo Hou Hsiao-Hsien, se entienda como una especie de compadreo y/o chiste privado; pero no son imprescindibles para entender y valorar uno de los mejores debuts de los últimos años.

 

BAFF 2010: La mirada complementaria (II)

Por Elisenda N. Frisach

Por otro lado, la representación más minoritaria de otros países proyectó una mirada amplia hacia las complejidades culturales del mundo asiático, yendo desde naciones como Indonesia (The dreamer), hasta la India (Lucky by chance, Road, movie), pasando por la fusión de Oriente y Occidente prototípica de la realidad de Hong Kong (Beijing is coming, Vengeance).

Malasia tuvo una nutrida muestra de su cinematografía, al contar con la pieza colectiva 15 Maylasia, la coproducción con Singapur Flooding in the time of drought y At the end of the daybreak, del emergente Ho Yuhang, una suerte de reformulación del cuento de la caperucita roja en la cual el “lobo” es la verdadera víctima del relato, aprisionado por sus circunstancias vitales y económicas, mientras que la “niña devorada” es descrita como un reflejo adolescente de su egoísta clase social. Merecida Mención Especial del Jurado, ahonda en la hipocresía de las normas de su país, en el brutal clasismo imperante, en la falsedad de las apariencias, en la incomunicación generacional, y posee un tramo final sobrecogedor, tan inesperado como inquietante y poético, filmado con exquisitez y maestría. De esta nación destaca también Karaoke, de Chris Chong, filme que recoge, con una mirada simultáneamente melancólica e irónica, la imposibilidad del regreso al hogar, merced a la historia de un joven que vuelve a su pueblo natal tras cursar la carrera en Kuala Lumpur, con el fin de asistir a su madre en el karakoe que ésta regenta, para comprobar que, ni su progenitora desea su ayuda, ni el mundo que conociera existe ya. Memorables devienen a este respecto la secuencia de apertura, sugiriendo la tristeza rutinaria de los clientes del local a través de una concatenación de planos detalle y de voces en off de procedencia incierta, así como las escenas que, en correspondencia con la visión outsider del protagonista, muestran la jungla como un mundo sobrenatural y fantasmagórico, devorado por la ominosa fábrica de aceite de palmera.

De Sri Lanka nos llegó Between two worlds, de Vimukthi Jayasundara, galardonada con el premio NETPAC, un experimento irregular y críptico, a ratos sutil y bello (véase el simbolismo de la leche materna o el magnífico final) y otros de una obviedad poco afortunada (verbigracia, el continuo –y cansino– juego de la falsa puesta en escena de los instintos violentos del protagonista), una creación en la que se concreta la idea del hado y del eterno retorno budistas, por medio de la historia de un confuso y tímido joven, producto de su tiempo –marcado, pues, por la larga guerra civil vivida en el país cingalés–, cuyas vicisitudes terminarán por encarnar una antigua leyenda de tintes iniciáticos, proféticos y redentores.

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BAFF 2010: La mirada complementaria (I)

Por Elisenda N. Frisach

El Festival de Cine Asiático de Barcelona, conocido por sus mucho más sonoras siglas inglesas (BAFF), volvió a las pantallas de la ciudad condal para ahondar en la difusión de una cinematografía, la del continente asiático, mal distribuida en nuestros lares y, por tanto, sólo conocida, y con suerte, en formato doméstico. Al frente de este proyecto, que ya ha cumplido doce años, tenemos el encomiable colectivo “100.000 Retinas”, el cual, a través de su “Cine Ambigú” –dedicado al pase de películas nunca estrenadas en las salas comerciales de nuestro país–, amplía periódicamente la oferta de la cartelera barcelonesa en versión original. Junto a él, se encuentra la inestimable colaboración de entidades como Casa Asia, creada con el propósito de tender puentes, y no sólo culturales, entre España y los países asiáticos, así como del museo CCCB y otros organismos gubernamentales.

Si en ediciones anteriores el festival quiso hacer hincapié en cinematografías tan peculiares como la india o tan minoritarias como la vietnamita, en esta duodécima edición tuvo especial presencia el cine surcoreano. Entre los nombres propios más destacados de esta nacionalidad se contó con The coast guard, del a veces genial, y otras errático, Kim Ki-Duk, o el clásico de Kim Ki-Young, The Housemaid. Otro autor de carrera muy regular, Hong Sang-Soo, compitió en la Sección Oficial con su simpática comedia Like you know It all, cinta con un tono confesional y psicoanalítico próximo a Woody Allen, al humorismo entrañablemente cruel de Alexander Payne o a las reflexiones morales de Eric Rohmer, que indaga en el carácter inevitablemente voyeurista de los amantes del séptimo arte (y, por tanto, pasivos, aburguesados y un punto infantiles). Igualmente, se recuperó el filme de Park Chan-Wook anterior a su magistral “Trilogía de la venganza”, Joint security area, donde se adivinan algunas de las posteriores obsesiones del realizador, mientras que Bong Joon-Ho, uno de los autores más potentes del panorama cinematográfico actual, estuvo representado por partida doble: de un lado, con la reposición de Memories of murder, excepcional obra, mezcla de comedia, thriller y drama, convertida en un verdadero hito de nuestros días, cuya influencia es evidente en filmes posteriores de variada procedencia geográfica (por ejemplo, en la magnífica Zodiac, de David Fincher, con la que comparte no sólo argumento sino también temática: la imposibilidad del ser humano de dilucidar la verdad a partir de una realidad compleja e inaprensible), y, de otro lado, su última, y espléndida, realización, Mother, muy similar en su amalgama genérica a sus anteriores trabajos, que cuestiona los preceptos de bien/mal e inocencia/culpabilidad y juega continuamente con los prejuicios de la audiencia a través de la desgarrada lucha de una madre por probar la inocencia de su hijo, un deficiente mental acusado de asesinato.

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BAFF 2010

Por Ivan R. Saldias

El espíritu del colectivo “100.000 retinas” sigue intacto. Y ya son 12 los años que llevan deleitándonos con el BAFF (Siglas del Festival de cine asiático de Barcelona). Una labor de gran mérito, teniendo en cuenta la gran cantidad de títulos, cineastas e intérpretes que nos han ido descubriendo a lo largo de los años.

Gente desde Naomi Kawase hasta Park Chang Wook, nombres que han conseguido cierta fama más allá de la minoría cinéfila, han sido descubiertos y mimados en todo el mundo por pequeños festivales como éste. Es esta labor y este cariño el que han permitido que luego estos profesionales y sus obras se vean en festivales de mayor calado (como Cannes o San Sebastián) o incluso conseguir pequeños contratos de distribución en cine y/o DVD.

Y con todo ello, también estos festivales son responsables del auge de principios de los 2000 del Made in Asia, de la proyección internacional de la 5ª generación china, de que gente como Ang Lee dirija en Hollywood o de que se sepa en occidente de la existencia de Bollywood. Y en última instancia, de que productores de aquí se interesen y mejoren su cine mirando allí (recuerden Slumdog Millionaire). Seguir leyendo »

 

Un ladrón en la montaña

Por Bill Jiménez

The Mountain Thief es una de esas propuestas que no dejan indiferente. Aunque a nivel técnico e interpretativo presente ciertas carencias, el principal objetivo de este filme, la denuncia, aprueba con notable presentándonos uno de los escenarios más crueles jamás engendrados por la civilización moderna: las montañas de basura de Payatas, Filipinas. Considerada la mayor ciudad vertedero del mundo (terrible denominación), fue a convertirse en la inspiración del director Gerry Balasta, de origen filipino y residencia estadounidense.

Y aunque siempre le gustara contar historias, hasta no hace mucho era terapeuta ocupacional y educador de niños con discapacidades, un oficio que cambió por el de realizador y guionista tras un periodo de formación en la Universidad de New York. Allí se sentaron las bases de un estilo que el mismo artista reconoce influenciado por Kurosawa, Iñárritu y Meirelles, basado en una narrativa poderosa, de imágenes impactantes e historias que hablen de la condición humana.

Tras The Mountain Thief hay una contradicción emocional, porque, pese a lo perturbador de de rodearse de basura, el amor por la vida presente en los locales prevalece sobre cualquier sentimiento negativo, siendo la suya una constante pugna entre la desesperación y la esperanza.

Y de ellas saldrán las desventuras de Julio y su hijo discapacitado Ingo, que atrapados por la necesidad llegarán a Payatas buscando un futuro. Allí encontrarán lo contrario, una realidad recolectando basura, la misma que malvenden con la esperanza de sacarse unas monedas para, como mínimo, comer ese día. La situación se complicará aún más cuando, derivado de un asalto sexual, un habitante del pueblo muere asesinado y las autoridades acusan a Julio del delito. El único testigo que podría exculparlo no quiere ensuciarse las manos con los problemas de sus vecinos, desatando un drama desproporcionado.

Para la realización de The Mountain Thief, Balasta imitó la fórmula de Meirelles en Ciudad de Dios, aunque los resultados se alejan de los obtenidos por el brasileño. En parte por las dificultades que encontró durante el rodaje, como enfrentarse a las hostiles montañas de basura; la dificultad para retener a los actores, que pese a contar con un sueldo, no podían renunciar a la rutina que les permitía sobrevivir; y la búsqueda de un candidato para el papel de Ingo. Su ceguera lo hacía difícil, pero finalmente se solucionó con el joven Richard Casas, que pese a sus discapacidades, demostró un enorme talento y ser la sorpresa de la película.

De este entorno hostil surgió una película que el propio Balasta presentará dentro de la sección «Emergentes» del Festival de Cine Asiático de Barcelona, que este año afrontará su doceava edición con un programa que supera en muchos aspectos a los de anteriores ediciones. Aunque ya habrá tiempo de hablar de ello en próximas entradas.

Enlaces: BAFF | The Mountain Thief