Por Elisenda N. Frisach
Para hablar con todo el respeto que se merece una cinta tan recomendable como Inside job es necesario considerarla desde dos perspectivas diferentes: una, en tanto obra de arte capaz de trascender su contexto y otra, en tanto testimonio histórico muy marcado por unas coordenadas espaciotemporales.
Bajo la primera perspectiva, el documental de Charles Ferguson resulta correcto, sesudo, interesante y eficiente, pero nada destacable. Al estar construido en torno a su justa denuncia final, el filme se esfuerza en buena parte del metraje en vender una objetividad imposible, seguramente en un intento de cubrirse las espaldas, pero también de dar rigor y carácter legítimo a la información y a las opiniones manejadas en la obra. La misma voz extradiegética de Matt Damon, por ejemplo, adopta en general un tono grave y serio y el montaje, la piedra de toque de cualquier documental, trata, en vano, de hacerse invisible. Pero la elección de la música, los intertítulos y parte de los comentarios y las preguntas del realizador durante las entrevistas revelan que, si bien Inside job evita de forma consciente la demagogia, va progresivamente desviándose de la (supuesta) imparcialidad en su tramo final, lo que sobre todo evidencia que el propósito primordial de la obra no es artístico sino intelectual.
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Por Patricia Salvatierra
Banksy, “el autentico pintor popular” según Times, es un anónimo grafitero de Bristol cuya obra ha recorrido importantes lugares del mundo desde que empezó en las calles de Londres. Mediante una mezcla de stencil y graffiti pintó mensajes anti-bélicos, anti-capitalistas, anti-establishment y pro-libertad en lugares como el muro de separación entre Palestina e Israel e incluso mostró su opinión sobre Guantanamo en un parque Disney. Banksy también trabaja para ONGs como Greenpeace y para empresas como Puma y MTV, y vende cuadros por una buena pasta a actores. Sus famosas ratas se han plasmado en cientos de lugares del mundo y ha creado la portada del Think Tank de Blur tras los ruegos de la banda. Sus fechorías como colarse en museos prestigiosos de todo el mundo a colgar obras propias son vox populi.
Banksy, bajo su capucha, nos dice que Exit through the Gift Shop no es un documental sobre él sino sobre un desconocido llamado Thierry Guetta. Éste, cámara en mano, pinta paredes, se cuela en lugares públicos, lo filma y huye de la policía mientras Banksy nos lo relata con voz distorsionada.
Ghetta nos va mostrando las grandes figuras del arte del grafitti en Europa y Estados Unidos a medida que transcurre el documental. Éste decide que quiere convertirse en un grafitero reconocido y organiza una exposición de sus trabajos más recientes. Con esta excusa, Banksy critica a las instituciones y reflexiona sobre el mundo del arte contemporáneo.
Se trata de un documental crítico, revelador pero tremendamente divertido y gamberro. Un relato visual curioso y fresco que se estrena el próximo 8 de octubre en las salas.
Enlace: Exit through the Gift Shop

Parte de la magia en las producciones de ese creador inclasificable que es David Lynch es su acercamiento morboso, y a la vez diferente, a las pasiones humanas. Su facilidad para convertir la antaño tierra de nadie (comunidades idílicas, ambientes rurales…) en infiernos psicológicos ha sustentado la regularidad de una filmografía caracterizada por sus extremos, tanto de calidad como experimentación.
A comienzos del pasado 2009 salía a la luz su más reciente y llamativo proyecto, una serie de entrevistas hasta cierto punto alejadas de su estilo, grabaciones realizadas a lo largo de la geografía estadounidense en la que se presentaba una nutrida colección de personajes anónimos, la mayoría representantes de lo que, con despectiva elegancia, llamaríamos “la América profunda”. La realización era tan poco sofisticada como sus protagonistas, convirtiéndose en un retrato realista de un anonimato que huye del arquetipo y que, gracias a las redes sociales (en especial Twitter), ha gozado de una difusión sin precedentes en la filmografía de Lynch. Tampoco sorprende si analizamos su relación con Internet: David Lynch es uno de los pocos directores de su generación que, más que coquetear, habla a la cibercultura en su propio idioma. Ahora, pasado más de un año desde su inicio, el Interview Project se erige documento indispensable sobre el ser humano, 120 entrevistas en las que se habla de amores, miedos, relaciones y muerte, todos esos principios fundamentales que sostienen nuestra civilización y que, en este caso, nos permite analizar desde una óptica distinta a un país que en muchas ocasiones no entendemos, pero que, en esencia, no difiere tanto del nuestro.
Enlace: Interview Project

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En el crepúsculo de su carrera, Orson Welles nos deleitó con la magnífica Fraude (F for fake), una reflexión sobre el mundo del arte y sus miserias. Por medio del documental y a través de dos farsantes en toda regla, el director analiza la frontera entre lo real y lo ficticio, un terreno que él mismo había transitado en los comienzos de su carrera. Así, en Fraude conoceremos a Elmyr d’Hory, un mediocre pintor americano que saltó a la fama gracias a sus falsificaciones y su amistad con otro notable mentiroso, su biógrafo, Clifford Irving, que también tuvo que enfrentarse a la ley por culpa de la edición de una falsa autobiografía del multimillonario Howard Hugues. Una historia que va más allá de la picaresca y que Avalon reeditó en dvd el pasado julio.
Enlace: Avalon |
La historia adora a los dictadores. Terrible, pero cierto. Y si creéis que exagero id a cualquier biblioteca y sumad páginas. Páginas como las presentadas en este documental, porque The September Issue es un relato más o menos imparcial de los avatares que rodearon la publicación en 2007 del ejemplar de septiembre de la revista Vogue, su número más voluminoso hasta el momento y, por lo que cuenta el director R.J. Cutler, dramático.
Porque parir una revista de dos kilos no se hace todos los días, aunque detrás haya todo un ejército de editores, fotógrafos, diseñadores y modelos. Tener a los mejores no siempre es señal de que las cosas vayan a ir bien y mucho menos de que haya consenso respecto a lo que debe o no entrar en sus páginas. Y quizá por ello existe alguien como Anna Wintour, una especie de Salomón de la moda con tendencia al despotismo, a decir ‘no’ sin aceptar explicaciones y librar una constante batalla contra Grace Coddington, su directora creativa. Porque la cosa va del tira y afloja de estas dos señoras, una batalla en la que, teóricamente, salimos ganando los lectores.
Cutler refleja este equilibrio de fuerzas sin posicionarse, y aunque resulta inevitable darle un mayor metraje a la Wintour (más personaje que persona), también hace justicia a la figura de Coddington, una mujer apasionada, capaz de fundir pasado y futuro en algo que se acerque al arte y se aleje de los intereses comerciales que, en el fondo, son lo que priman en una publicación de tales dimensiones.

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