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Animaladas humanas: El elefante de Slawomir Mrozek

Por Elisenda N. Frisach

Pese a ser un autor poco traducido al castellano, Slawomir Mrozek es uno de los escritores polacos vivos con mayor proyección internacional. Iniciado como periodista y dibujante satírico, adquiriría fama y prestigio como dramaturgo y cuentista, en una trayectoria similar a la descrita en nuestro país por Rafael Azcona, también marcado por una dictadura y por el genio para criticarla desde el humor negro, si bien el autor riojano evidenciara sus raíces españolas (y, por tanto, tuviera un tono realista, escatológico, desgarrado y esperpéntico) e hiciera del cine, y no del teatro, el medio para representar sus escritos; las páginas de Mrozek, en cambio, están traspasadas de un humorismo de estirpe eslava, asentado en la inversión surrealista y en la reducción al absurdo de los cimientos psicológicos, sociales y culturales de su realidad, una alteración jocosa y crítica del mundo heredera de Gógol, de los ilustres maestros checos cultivadores de la ironía (Hašel, Čapek…) y de otros escritores de su misma nación como Wiltold Gombrowicz. Seguir leyendo »

 

Elias Canetti: No te envanezcas, muerte

Por Elisenda N. Frisach

Como ya le pasara a Kafka, otro ilustre judío de origen eslavo y producción en lengua alemana, Elias Canetti sigue publicando póstumamente; empero, si bien es famoso el hecho de que fue Max Brod el responsable de dar a la luz la mayoría de las obras de su difunto amigo en contra de sus deseos, las disposiciones testamentarias del escritor búlgaro responsable de El otro proceso de Kafka –en explícita deuda al magisterio del praguense– indican que sus archivos personales no sean abiertos hasta 2024 para ir publicando escaladamente el resto de sus obras inéditas.

Concomitancias a parte, lo cierto es que la producción de Canetti bebe tanto de las novelas filosóficas de otros autores germanos como Thomas Mann, Robert Musil o Hermann Broch, o de los ensayos de Walter Benjamin y Karl Kraus, como de las fantasmagorías de Franz Kafka. Además, Canetti se distinguió por un multiculturalismo que pronto trascendió las fronteras, idiomáticas y físicas, de su ciudad natal, Ruse. Con el ladino y el búlgaro como lenguas de su infancia, y el inglés y el alemán como lenguas de su edad adulta, Canetti encarnó al intelectual cosmopolita por excelencia, desgajado de sus raíces pero nutrido por muchas otras, cobijado bajo una perspectiva integral del mundo, lo que justifica la vigencia y relevancia de su obra en nuestro presente, marcado por la globalización, léase un capitalismo frenético que nos ha moldeado en la indefinición, la atonía y la uniformidad de pensamiento. Seguir leyendo »

 

Robert Graves: El poeta y la diosa

Hace cien años, el mundo literario también sufría el acoso de las tendencias, y si ahora la guerra genera docenas de ensayos político/económicos, un siglo atrás, el must indiscutible era la poesía. Thomas Hardy, Rudyard Kipling o Vera Brittain son sólo unos pequeños grandes ejemplos de un género, el de los poetas de guerra que, iniciado en el Reino Unido, floreció con fuerza en la Europa post conflicto. Una corriente que, entre sus brillantes representantes, tuvo a un artista de clase media/alta llamado Robert Graves.

Hijo del escritor anglo-irlandés Alfred Perceval Graves y Amalie von Ranke (sobrina del historiador Leopold von Ranke), Robert Graves gozó de una infancia relativamente cómoda en su Winbledon natal, donde cursó parte de sus estudios en el King College School. A esta institución la seguirían otras escuelas independientes, una formación que completaría antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, sin duda, el evento que marcaría su vida adulta.

Sirviendo en los Reales Fusileros Galeses tuvo la oportunidad de añadir un nuevo registro a su obra poética, uno dramático y sufrido en sus propias carnes cuando, durante la Batalla del Somme, fue herido de gravedad y dado por muerto. La recuperación en un hospital francés le permitió volcarse en su obra y entablar amistad con un colega de división y oficio, el también poeta Siegfried Sassoon. Ambos compartían un fuerte espíritu antibelicista, en el caso de este último tan extremo que, en una ocasión, Graves tuvo que alegar ante sus superiores que Sassoon sufría neurastenia para evitarle un consejo de guerra.

Pero el sentido común de Graves era ficticio, porque durante años sufrió las secuelas del frente y las atrocidades que presenció en algunos campos de batalla. Escribiría Adiós a todo eso a modo de exorcismo, una temprana autobiografía en la que no faltaron críticas a la falta de valores de la sociedad inglesa, la enorme incompetencia militar durante la guerra y las atrocidades llevadas a cabo en el propio bando inglés, aficionado a no hacer prisioneros entre los alemanes, a los que asesinaban fríamente, y en algunos casos, caprichosamente. Graves reconoció que muchos de esos fantasmas convirtieron muchas noches posteriores en vigilias.

Aun así, Robert Graves formó una familia y tuvo descendencia. Tres mujeres protagonizaron su vida sentimental, aunque su devoción por la figura femenina le rodeó de otras ‘musas’. Aseguraba que «Las mujeres y los poetas son aliados naturales». En su caso le costaría un divorcio con su primera esposa, Nancy Nicholson, que sería sustituida por la poetisa Laura Reading. Con ella se asentaría en Deià (Mallorca), un lugar que convertiría en su hogar durante décadas, exceptuando un pequeño exilio a Estados Unidos durante la Guerra Civil Española. Décadas después, Graves contraería matrimonio con Beryl Hodge,  una de sus reconocidas fuentes de inspiración.

El éxito comercial llegó con la biografía de su amigo T.E. Lawrence y la que sería su novela más representativa, Yo, Claudio, una muestra de sus vastos conocimientos históricos, al que le seguiría Claudio el Dios y su esposa Mesalina, su segunda parte, y El Conde Belisario, una novelización de la vida y milagros del mítico general bizantino. Seguir leyendo »

 

Visiones de Asia: Oriente en el corazón

Por Elisenda N. Frisach

El escritor y periodista Vasili Golovánov, una de las voces más potentes y originales de la literatura rusa contemporánea, publica en nuestro país Visiones de Asia, un entretenido compendio de ensayos de carácter impresionista que entronca con la mejor tradición de la narrativa europea de viajes, género popularizado a partir del siglo XVII –con Voltaire, Sterne o Goethe como ilustres representantes del mismo–, si bien el libro de Golovánov se adhiere especialmente a un sentimiento de fascinación orientalista, prototípico del Viejo Continente desde que el mismísimo Marco Polo redactara El libro de las maravillas del mundo.

En consonancia con la literatura de temática de viajes de la pasada centuria, y particularmente por lo que atañe a la de tipo no ficcional, Visiones de Asia parte de un tono costumbrista que se ve paulatinamente atravesado por un sentido de lo irreal, de lo fantástico; una transmutación en cierta medida inevitable si se tiene en cuenta que la mirada de un hombre occidental (como efectivamente lo es el autor) deviene incapaz de aprehender ese mundo milenario, siempre cercano, latente y sugestivo y, sin embargo, nunca realmente comprendido. Dicha circunstancia es doblemente cierta en el caso de Rusia, el gran coloso transcontinental, encarnación de un ensamblaje mestizo y variopinto, demasiado utópico para ser cierto, de Oriente y Occidente, de Asia y Europa.

El libro del escritor moscovita se estructura en dos partes: “Visión de Asia”, que recoge las impresiones personales del narrador en su viaje a Tuvá acompañado de un guía, varios eruditos rusos y un grupo de jubilados norteamericanos empeñados en buscar la auténtica sabiduría chamánica de la región, y “Las conversiones de Alejandro”, una nueva vuelta de tuerca a la figura del mítico rey de Macedonia y a sus relaciones con Oriente, en la que el autor contrasta la visión tradicional de Alejandro Magno, legada sobre todo por la historiografía romana, con algunos indicios que apuntan hacia el embrujo asiático vivido por el caudillo helénico.

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Papasquiaro, tu delirio es nuestro deleite

Roberto Bolaño dijo de su amigo Mario Santiago Papasquiaro que leía hasta en la ducha, que a veces se encontraba los libros mojados y no entendía la razón, hasta que pudo ver a José Alfredo Zendejas en acción, leyendo bajo el agua. Pero no se debería hablar de Papasquiaro comenzando por Bolaño, por mucho que fueran hermanos, por mucho que el autor de Los detectives salvajes convirtiera a su amigo en Ulises Lima, y a sí mismo en Arturo Belano. Al menos ahora no.

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El presente pasa por hablar de gente como Harold & Blúm, que son J.S. de Monfort y Ángela du Pre, artífices de un proyecto en diez capítulos que homenajea al poeta mexicano, si es que alguna vez fue de algún sitio. Situémoslo en la calle Bucareli, por ejemplo. Harold&Blum, ahora, desde Barcelona, “con un teléfono móvil Samsung con videocámara, el baño de la casa de Ángela du Pré y J. S. de Monfort en cueros” recitan versos bajo la alcachofa de la ducha. Cualquiera diría que son un par de detectives, estos salvajes.

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‘Grace After Midnight’, Felicia ‘Snoop’ Pearson

Ya ha corrido la voz: The Wire empieza a ser considerada la mejor serie de TV de todos los tiempos, y aquí el que no corre vuela. Todos nos peleamos por mostrar que sabemos más, que la entendemos mejor, que percibimos más detalles o que la interpretamos con más acierto. Quien no la ha visto, empieza a quedarse fuera de las mejores conversaciones entre amigos, y quien la ha visto, busca desesperadamente desmenuzarla mano a mano con un interlocutor capaz de percibir y detenerse en los sutiles matices y grandes porqués puestos en escena por David Simon y Ed Burns. La serie, producida por la HBO y estrenada en 2002, tiene la valentía de retratar con un realismo insólito el entramado social de la ciudad de Baltimore, desde sus agujeros más miserables hasta las altas esferas del poder. Pero no contentos con tener en nómina a un impresionante elenco de actores (casi todos ellos desconocidos), sus creadores reclutaron para la serie a una extraña chica con pelo trenzado y cuerpo de macho con la que una noche se topó Michael K. Williams, el actor que interpreta a Omar, en un tugurio de East Baltimore.

felicia snoop pearson
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Agenda

  • Barcelona: TILT, “Agnostic Fonts” en MTN Gallery Barcelona
    22 mayo 2012 | 10:00

    Montana Gallery Barcelona inaugura este 24 de mayo la primera muestra en España de TILT, uno de los artistas urbanos franceses de mayor proyección internacional. Su reconocido estilo –sus bubble letters, pueden considerarse una marca– y la pasión por el graffiti sazonado de pop convierten su muestra en un acontecimiento remarcable y que, para la [...]

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