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Ena Macana

De entre las propuestas que más nos fascinaron en el pasado Changing Room, recuperamos los complementos de Ena Macana, una diseñadora argentina afincada en Barcelona, cuyo trabajo, fácilmente reconocible, se aleja de lo que esperamos de un accesorio al uso. Inspirándose en la gente y las miles de tendencias que corren por la web, su mérito es ofrecer nuevas lecturas de artículos anteriormente catalogados como “basura”. La segunda mano (lapiceros de metal, costureros de viaje y pastilleros de la abuela) son su materia prima, objetos inútiles que tras el reciclaje se vuelven icónicos y parte de las líneas argumentales que justifican sus colecciones. Si en anteriores series (Toyboy y Postvintage) exploraba el postconsumo y la customización, en China lanza una crítica sutil a todos los tópicos que caracterizan al gigante asiático, por otro lado, su principal proveedor. Así, encontramos colgantes y broches hechos con ametralladoras, tacones en forma de flor y otros muchos juguetes reciclados con esmero y ganas de sorprender. Pero sin excesos ni afán de protagonismo, porque los accesorios de Ena Macana están hechos para, tal y como el término indica “complementar” a la persona, nunca para robarle protagonismo. Un ejemplo de esta naturalidad son las fotografías promocionales de la colección China, en la que los hipotéticos modelos no eran tales, sino gente “con estilo” escogida por la creadora para llevar sus piezas. Aun así, es innegable que Ena Macana de propuestas diferenciadoras y fascinantes.

 

El Colmillo de Morsa

Adaptar un estilo tan definido como el escandinavo al gusto del público mediterráneo puede ser una tarea tan osada como difícil. Jordi Espino y Elisabet Vallecillo, los diseñadores tras El Colmillo de Morsa, lo han intentado con excelente resultado, pero sus diseños, aparte de una suma de influencias, cuentan con más elementos definitorios. De la moda nórdica «nos atrae la sencillez acompañada de una ejecución impoluta, los patrones y el colorido, pero intentamos no seguir al pie de la letra esas “reglas nórdicas”. Intentamos cargarlo un poco más, pero sin ahogar la prenda. Mantenemos sobre todo unos colores y unos tejidos más del norte que del sur y el patrón lo hacemos más adaptado al público del mare nostrum».

¿El Colmillo de Morsa? Para los que se pregunten el porqué de este nombre, decirles que «fue un poco casual. En un  brainstorming, leyendo un libro de bisutería, vimos cómo los antiguos habitantes del norte hacían bastante joyería con los colmillos de las morsas. Esos collares se nos quedaron grabados en la retina y de tanto repetir colmillo, collar, morsa…, decidimos llamarnos ‘el colmillo de morsa’. El nombre nos gustó porque era como algo feo y bello a la vez. Es una filosofía de marca: la belleza puede ser de muchas maneras».

Y la búsqueda de esa belleza les ha llevado a unas formas sobrias, apoyadas por colores neutros, de llamativas simetrías y «un punto étnico, de trabajo manual en algunas prendas que siempre intentamos mantener. Además, casi todo lo confeccionamos y trabajamos nosotros; somos bastante artesanales y quieras o no, eso le da una esencia diferente a la prenda». Respecto a esa artesanía, su posición en la polémica entre el diseño de las grandes marcas y los productos duraderos está muy clara: «Lo ideal sería que fueran cogidos de la mano. Las grandes marcas que ponen precios astronómicos tienen que tener un plus, y un factor es el artesanal. Si te fijas, las marcas pronto moda “pagan” el precio de trabajar a gran escala; las grandes producciones trabajan con materiales más económicos y no suelen permitir el plus de lo artesanal porque encarecería demasiado el producto. Creemos que hoy en día el público ya está cansado de productos que únicamente cuentan con el frívolo y efímero valor simbólico de una tendencia pasajera».

Como buen equipo creativo, Jordi y Elisabet tienen un procedimiento que complementa sus ideas. «Aunque cada uno domina más una cosa que la otra, siempre acaba siendo un trabajo de dos. El inicio es un poco dispar; cada uno se impregna de las influencias e inquietudes que le rodean y luego lo ponemos todo en común, con confianza mutua y sabiendo decir esto sí o esto no». El resultado: unas piezas que contentan por igual al público masculino como femenino. «Nos gusta diseñar para los dos, intentamos adaptar los mismos patrones, tampoco nos identificamos con la feminidad tópica, así que trabajamos bajo una concepción polivalente que une ambos sexos».

En cuanto al futuro, El Colmillo de Morsa se presenta abierto al cambio: «Ahora nos ha dado por cambiar el rollo, dar más vida a nuestros diseños. Estamos experimentando con colores vivos, como violetas, verdes… Respecto a los materiales, siempre nos decantamos por los naturales». Unos planes de futuro que esperaremos con impaciencia y con la expectación que genera la calidad.

Enlace: El Colmillo de Morsa

 

Diana Dorado

Con una recesión ahí fuera y una mayor competencia en el mercado, ganarse el título de diseñador emergente ya supone una odisea para muchos creadores. Entre los relativamente recién llegados al circuito de la moda nacional encontramos a Diana Dorado, una joven diseñadora con una propuesta que sorprendió en 2009 con su colección Mitologías personales y que ha revalidado este año con Carbonado, su último proyecto, «una colección que me ha dado muchas alegrías pero que también ha supuesto mucho esfuerzo. Tuve que hacerla mientras trabajaba en Francia, y cuando terminaba mi jornada laboral salía directa a trabajar en la colección. Fue muy duro. Noches de no sueño y mucho trabajo para poder llegar, pero creo que con el tiempo y cuando más pienso en ello, más feliz me hace».

Carbonado posee cierta continuidad con Mitologías, «pero desde su filosofía. La parte formal se aleja un poco, pero  el “alma” está muy ligada». Respecto a su parte técnica, Carbonado «es una colección muy sencilla, en donde los materiales son los principales protagonistas: la piel, la lana, el algodón… todo es muy primario y básico».

Sin duda, 2009 fue un año importante para su carrera, pero a 2010 tampoco le han faltado éxitos y emociones. «Todos los momentos de este año han sido muy importantes para mi carrera como diseñadora, la presentación de mi segunda colección, mi presentación en Pasarela Abierta de Murcia…, pero quizás un momento muy especial será la presentación de mi colección S/S 2011 en la pasarela El Ego de Cibeles, algo que me hace muchísima ilusión y para lo que estoy trabajando en este momento». Diana sabe lo importante que es para un diseñador participar en esta clase eventos, en los que reconoce que «he aprendido muchas cosas. Además de aspectos prácticos como la organización y el ritmo que hay que tener para que todo salga bien, las pasarelas han sido para mí una plataforma fundamental para dar a conocer mi trabajo. El hecho de acceder a ellas y de esta forma permitir al público un acceso, creo que es clave en el desarrollo de cualquier diseñador».

Llegar a Cibeles es una etapa importante hacia la consolidación de una marca. No es un camino de rosas, y Diana reconoce que «proyectarte como diseñador exige mucha responsabilidad y seriedad, aparte de trabajar duro para lograrlo. Creo que aún me hace falta experiencia. Desearía aprender más antes de montar mi propia marca».

Y dicen que con voluntad todo se consigue, una garantía de que los diseños de Diana Dorado van a competir por estar en lo más alto en los próximos años.

Enlace: Web Oficial

 

Georgina Ordinas

Por Bill Jiménez

Georgina Ordinas (Palma de Mallorca, 1986) es un ejemplo más de talento emergente y trabajador. Formada en la Escuela Superior de Diseño de Barcelona, en dos años ha visto como sus diseños se hacían un lugar en las pasarelas más importantes de Cataluña, Baleares y, en febrero de 2010, Madrid, al presentarse su colección Rrose en El Ego de Cibeles, una colección inspirada en el pseudónimo femenino de Marcel Duchamp, una dama llamada Rrose Sélavy, popularizada mundialmente gracias a las fotografías de Man Ray. Aunque este homenaje esconde lecturas secundarias, y «podríamos decir que juego con la identidad de la persona. La prendas de la colección evocan los volúmenes del cuerpo de la mujer y del hombre indistintamente de quién las lleve puestas. Son geométricas y lineales, combinan los volúmenes triángulares y rectangulares. El volúmen triangular hace referencia a la figura del hombre, de hombros anchos; mientras que, con los rectangulares, se  pueden disimular las curvas de la mujer».

Georgina no es la primera que busca la complicidad de la sastrería masculina, aunque si tiene que escoger un elemento llamativo e inspirador, destaca «la estructura de las prendas y sus acabados».

La primera pregunta que viene a la cabeza al ver sus diseños es el riguroso uso que hace del color negro. «El hecho de hacer una colección monocolor fue algo pensado hace tiempo, era mi primera colección por lo que ya había algunos elementos que quería que estuvieran presentes.
Con el color que me siento más identificada es el negro, así que decidí utilizarlo a modo de color neutro, de color no color
».

Naturalmente, en su trabajo hay más elementos en juego. Al margen de los evidentes, «siempre trabajo mucho los interiores y los acabados de las prendas. En Rrose Sélavy utilicé como materia base el paño de lana y lo combiné con gabardinas y popelines de algodón. Prefiero los tejidos en los que predominan las materias naturales».

El que Georgina no descuide su formación y busque nuevos conocimientos e inspiración en otras disciplinas (como la sastrería tradicional o el patronaje), no quiere decir que abandone una línea que ya puede considerarse definida, «igualmente, en la próxima colección se verán cambios notables». Pero eso será el futuro y la esperanza de que sea tan brillante como el pasado, en el que sin duda destacó su participación en Cibeles. «Fue una gran oportunidad para darme a conocer e intentar abrirme un sitio en el mercado, ya que es una gran plataforma de lanzamiento para jovenes diseñadores que quieren dedicarse a su propia firma.  Desde mi punto de vista personal fue un gran reto intentar que mi colección gustase y fue una gran satisfacción personal y profesional el poder participar».

Enlace: georginaordinas.com
Fotografías (c) Cristian di Stefano

 

Krizia Robustella

Los diseños de Krizia Robustella son el más allá de la ropa deportiva, un concepto que apuesta por las formas amplias y cómodas sin renunciar a la técnica que le ha merecido premios, becas y portadas en revistas y diarios. Su sport-deluxe, heredero de los ochenta más chandaleros, aboga por el oversize y una gama de colores que enfrenta tonos sobrios con otros tan opuestos como el rosa chicle y el naranja. De la combinación surge un estilo joven, desafiante e influenciado por la cultura del hip hop, lo que vendría a ser un bling-bling castizo y sin complejos que mezcla tendencias sin resultar en ningún momento dañino a la vista.

Pero ante todo, el trabajo de Krizia (nacida en Amsterdam y residente en Barcelona) es pura ironía, y sus colecciones, basadas en situaciones reales, han explorado con idéntico humor el mundo de los domingueros, de las niñas-bien que viven pequeños momentos de gloria cada vez que sacan a pasear al perro y, la más reciente, esos señores de bar carajillero que recuerdan a mafiosos en pequeño formato. De ellos surge el título de su colección otoño-invierno 2010/11 «Bang Bang Carajillo Gang», una divertida declaración de principios en la que vuelven a primar los volúmenes, las mallas, el algodón como material estrella y los colores eléctricos.

Y aunque Krizia rehuye de la superficialidad que amenaza a cualquier diseñador en una ciudad como Barcelona, sus prendas ya son un referente tanto dentro como fuera de la ciudad Condal, elogiadas en pasarelas como el 080 Barcelona Fashion o el El Ego de Cibeles, eventos tan importantes como la apertura de su propia tienda hace más de un año en el centro de la ciudad. Porque, aunque ella disfrute creando, hace tiempo que asumió que la moda es un negocio y, aparte de contar con un buen producto, hay que saber venderlo. Trabajo duro y diario, o como popularmente dirían al otro lado del charco: Another day, another dollar.

Enlace: Krizia Robustella
Fotografía (c) Nike, Inc

Hoy, miércoles 14, Krizia Robustella presentará su nueva colección dentro de los desfiles de la pasarela 080 Barcelona Fashion.

 

Cecilia Sörensen

Para la mirada mediterránea, el mundo escandinavo evoca paisajes gélidos e inmutables, sobriedad y una apuesta constante por lo práctico y funcional. Más allá de estas ideas preconcebidas se encuentran los diseños de Cecilia Sörensen, finlandesa de nacimiento aunque afincada en Barcelona desde 1999, once años en los que ha tenido tiempo de trabajar para diseñadores de la talla de Antonio Miró, crear su propia marca y abrir una tienda en el corazón de la ciudad Condal.

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Helsinki, Southampton, Barcelona… ciudades diferentes pero piezas fundamentales en tu formación, ¿qué ha aportado cada una a tus trabajos?

Sí, el entorno es muy importante cuando uno trabaja en algo creativo. Estudié tanto en Helsinki, Barcelona y Southampton, donde las facilidades de la universidad eran increíbles, pero echaba de mucho menos una ciudad cultural,  más cosmopolita y contemporánea. Había estado de intercambio del bachillerato en el año 93 en Barcelona, y por eso decidí venir aquí.
El hecho de trabajar en un país e entorno no familiar es muy interesante, vas totalmente por libre e independiente, no tienes que encajar en ningún molde preestablecido. Aquí se dice que mi estilo es muy escandinavo, minimalista, limpio…, pero creo que es mucho más femenino y sensible de lo que sería si viviese en Finlandia. Yo diría que la funcionalidad es lo finlandés de mi estilo, el diseño escandinavo va un poco por ese camino, de hacer de lo cotidiano bello.

En los últimos años, el público ha ido recuperando el gusto por lo artesano y duradero, algo que tú has defendido desde tus comienzos. ¿Qué piensas que esta “causa” se convierta en una moda?

Pienso que es una muy buena tendencia. Creo que viene de la desvaluación completa que han conseguido las grandes cadenas. Hace diez años igual te comprabas un jersey nuevo cada invierno. Se miraba, se probaba y se pensaba. Comprarlo significaba invertir lo que valía esa materia y la mano de obra, lo que significaba también una inversión por parte del comprador. La compra era algo planeado y la prenda valiosa.
Ahora hay jerséis a 14 euros, lo que significa que la gente, si quiere, los puede comprar cada semana o mes. Ya no hay que pensárselo mucho, ni casi probarlo. No hay que invertir ni dinero ni pensamiento. Eso también significa lamentablemente que la prenda ya no tiene el valor que antes para el comprador.
Eso ha desvalorizado por completo el trabajo para cualquiera que trabaje en moda y ha frivolizado el diseño. Pero vemos que ahora está cambiando, todos tienen el armario demasiado  lleno de prendas sin alma, es muy estresante poseer y almacenar muchas cosas, por eso vuelve la tendencia de calidad en vez de cantidad.
Los diseñadores dependen mucho de la calidad de los fabricantes de tejidos, y es algo que puede variar muchísimo de una temporada a otra. Creo que es un aspecto que debería mejorar mucho. Tengo varias prendas de mi abuela de los años 50, por ejemplo, un abrigo que uso desde hace años y está impecable. ¿Por qué ahora, con toda la tecnología que hay, no se pueden hacer tejidos y piezas así?
Hay mucho green wash, sobre todo entre grandes empresas, pero creo que en el futuro lo que ahora ha sido más alternativo, eco, orgánico…, va a pasar a ser lo mayoritario.

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