Por Elisenda N. Frisach
Nuestras pantallas tienen la fortuna de proyectar actualmente Poesía, la última cinta del realizador surcoreano Chang-dong Lee, quien, tras una notable trayectoria de novelista, inició su carrera fílmica ya en la cuarentena. Semejante bagaje literario se aprecia en la sutileza, la madurez y la inteligencia del guión que asimismo firma (merecidamente premiado en la pasada edición del Festival de Cine de Cannes), así como en su capacidad para ilustrarlo visualmente de manera idónea, merced a unas imágenes emotivas y bellas que respetan la sencillez y la honestidad de la trama y los diálogos. Seguir leyendo »
Rebeca Yanke (1978) es una bilbaína afincada en Madrid. Actualmente es redactora del diario El Mundo. Desde 2007, bajo el pseudónimo u minúscula, muestra textos e imágenes en su blog Infinitos corpúsculos, expresión que también da título a su poemario publicado en la Colección Puerta del Mar (2010).
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El libro recibe el título del poema que cierra la obra KINGS OF MASTERS: “quizá lamerme los pies me otorgue / un corpúsculo de verdad / infinito será.” Por otro lado, tienes un blog lleno de aforismos con este mismo nombre. ¿Qué significa? ¿Qué relación hay entre el blog y el libro?
La relación entre el blog y el libro es sencilla. Todos los poemas de Infinitos Corpúsculos se escribieron en el blog homónimo. Así que me pareció que así debía llamarse el libro, no sé si por coherencia o porque no podía ser de otra manera. Tampoco sé si lo que hay en el blog son aforismos, son pensamientos breves y a veces contradictorios.

La u minúscula es uno de tus rasgos más característicos y que te podría incluso definir. ¿Qué significa para ti la u minúscula?
Mi válvula de escape, quizá. El no
mbre que me puse a mí misma, también mi vocal favorita, la última. La u verde del poema de Rimbaud, el juego de la sinestesia. Me gusta si alguien se atreve a llamarme u, pero lo hace muy poca gente, la verdad. Es, desde luego, la personalidad que escribe corpúsculos. O minúsculos. Otras hacen otras cosas. Seguir leyendo »
No os cuento nada nuevo si digo que la poesía no vive sus mejores momentos. También es cierto que lleva años así, fuera de las corrientes comerciales, aunque con una base muy potente de seguidores que, cada cierto tiempo, reivindican sus virtudes. Entre ellos se encuentran Los Poetas Incomprendidos, un grupo de jóvenes que aprovechan la red y las calles para dar a conocer su obra. Y no es un club exclusivo, porque un Poeta Incomprendido “puede ser cualquier poeta, escritor, etc., que quiera plasmar sus palabras en nuestro blog o que quiera participar en nuestras actividades poéticas. Nuestro objetivo es sacar la poesía a la calle, que respire, brindándole algo distinto a las personas que van por ahí pensando en los mil y un problemas que pueden surgir en nuestra vida diaria”.
Habla Andrés Belalba, representante en esta ocasión del colectivo, aunque no son el único que actúa en la península. “Estamos influenciados por un colectivo andaluz llamado Aina Libe. Son cuatro poetas que realizan actividades en Sevilla y otras ciudades de Europa y del mundo. Todo comenzó por un amigo en común, Miguel Ruiz Poo, poeta venezolano que me motivó a realizar una pegada de poemas en la calle. Desde ese día no hemos parado”.
Pero, ¿funciona el activismo poético? “Yo creo que sí es la mejor manera de llegar al público, ya que hacemos algo diferente que tampoco hace daño a nadie, todo lo contrario, estamos brindando un poco de esperanza escrita, con buena voluntad”. Naturalmente, es una batalla difícil de ganar, aunque sirve para conservar la esperanza en el futuro de la poesía. Pero ya no sólo es una cuestión de público. La raíz, los editores, no pueden quedarse al margen. “En estos tiempos hay otro tipo de literatura, que goza de mayor proyección comercial, algo que no beneficia a la poesía. Me parece que la poesía debería tener la oportunidad y el lugar que se merece, aunque lo veo muy difícil. Con estas actividades buscamos una revolución de las letras que comience por el corazón de las personas. Esa es la meta que nos gustaría alcanzar”.
Utópico o romántico, está claro que es una buena causa. Quizá sólo es cuestión de tiempo que la poesía se convierta en una ‘moda’. Para bien o para mal.
Enlace: Los Poetas Incomprendidos
Por Patricia Salvatierra
Me cito con Sònia Moya en la estación de tren. Se presenta una chica sencilla y alegre, con ganas de explicarme los entresijos de Gramàtica de l’equilibri, un poemario que le ha llevado a ganar el XLVI Premio de Poesía Amadeu Oller, dirigido a jóvenes poetas inéditos menores de 30 años. Además del orgullo que comporta ganar este premio, la editorial Galerada ha publicado su poemario en una edición sencilla, preciosa y dulce como su autora.

Sònia nació en Cerdanyola del Vallès en 1981. Se licenció en filología hispánica por la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) y trabaja como profesora de lengua y literatura en Manresa (Barcelona) de unos niños a quien ama y no duda en intentarles llevar al mismísimo Luís García Montero para que les de una charla. En esta misma ciudad, colabora en el ciclo ‘Tocats de lletra’ y también ha participado en recitales poéticos como ‘Còdols’ (2009), ‘Sensuals’ (2008), Casserres Poètic (2009) o ‘Transgressors’ (2009). Pertenece al corpus de Quark Poesia y, además, fue poeta del mes de la revista Ciutat Oci. También ha traducido el ensayo Vincles de Àngels Torras y Míriam Tirado. Seguir leyendo »
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Hace cien años, el mundo literario también sufría el acoso de las tendencias, y si ahora la guerra genera docenas de ensayos político/económicos, un siglo atrás, el must indiscutible era la poesía. Thomas Hardy, Rudyard Kipling o Vera Brittain son sólo unos pequeños grandes ejemplos de un género, el de los poetas de guerra que, iniciado en el Reino Unido, floreció con fuerza en la Europa post conflicto. Una corriente que, entre sus brillantes representantes, tuvo a un artista de clase media/alta llamado Robert Graves.
Hijo del escritor anglo-irlandés Alfred Perceval Graves y Amalie von Ranke (sobrina del historiador Leopold von Ranke), Robert Graves gozó de una infancia relativamente cómoda en su Winbledon natal, donde cursó parte de sus estudios en el King College School. A esta institución la seguirían otras escuelas independientes, una formación que completaría antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, sin duda, el evento que marcaría su vida adulta.
Sirviendo en los Reales Fusileros Galeses tuvo la oportunidad de añadir un nuevo registro a su obra poética, uno dramático y sufrido en sus propias carnes cuando, durante la Batalla del Somme, fue herido de gravedad y dado por muerto. La recuperación en un hospital francés le permitió volcarse en su obra y entablar amistad con un colega de división y oficio, el también poeta Siegfried Sassoon. Ambos compartían un fuerte espíritu antibelicista, en el caso de este último tan extremo que, en una ocasión, Graves tuvo que alegar ante sus superiores que Sassoon sufría neurastenia para evitarle un consejo de guerra.
Pero el sentido común de Graves era ficticio, porque durante años sufrió las secuelas del frente y las atrocidades que presenció en algunos campos de batalla. Escribiría Adiós a todo eso a modo de exorcismo, una temprana autobiografía en la que no faltaron críticas a la falta de valores de la sociedad inglesa, la enorme incompetencia militar durante la guerra y las atrocidades llevadas a cabo en el propio bando inglés, aficionado a no hacer prisioneros entre los alemanes, a los que asesinaban fríamente, y en algunos casos, caprichosamente. Graves reconoció que muchos de esos fantasmas convirtieron muchas noches posteriores en vigilias.
Aun así, Robert Graves formó una familia y tuvo descendencia. Tres mujeres protagonizaron su vida sentimental, aunque su devoción por la figura femenina le rodeó de otras ‘musas’. Aseguraba que «Las mujeres y los poetas son aliados naturales». En su caso le costaría un divorcio con su primera esposa, Nancy Nicholson, que sería sustituida por la poetisa Laura Reading. Con ella se asentaría en Deià (Mallorca), un lugar que convertiría en su hogar durante décadas, exceptuando un pequeño exilio a Estados Unidos durante la Guerra Civil Española. Décadas después, Graves contraería matrimonio con Beryl Hodge, una de sus reconocidas fuentes de inspiración.
El éxito comercial llegó con la biografía de su amigo T.E. Lawrence y la que sería su novela más representativa, Yo, Claudio, una muestra de sus vastos conocimientos históricos, al que le seguiría Claudio el Dios y su esposa Mesalina, su segunda parte, y El Conde Belisario, una novelización de la vida y milagros del mítico general bizantino. Seguir leyendo » |