Temor y deseo de ser devorados

Posted on
Por María Arranz

Por María Arranz

Nadie como Pasolini fue capaz de reflejar con una belleza tan cruda las íntimas relaciones que se establecen entre los cuerpos y la sociedad, entre lo humano y lo político. Quizá por eso la huella del cineasta italiano está tan presente en el título de esta exposición que se puede visitar en el Bòlit Centre d’Art Contemporani de Girona hasta el 25 de abril.

El ser humano, ese ente lleno de contradicciones, de deseos y contra-deseos, de pasiones y odios cuyos límites se desdibujan con demasiada frecuencia, es una fuente inagotable de conflictos. Decía Pasolini que el miedo de la humanidad a ser devorada y la resistencia que opone a ello deviene, al hacerse obsesiva, en la actitud inversa: el deseo primario de ser comidos. Del mismo modo, la oposición al sistema, ese que todo lo asimila y todo lo neutraliza hasta hacerlo desaparecer es, en realidad, una manifestación visceral del deseo de ser asimilados, devorados por ese mismo sistema.

Por eso, ya no es relevante el hecho de estar a favor o en contra del sistema si, al fin y al cabo, ambas opciones se desarrollan dentro de los irrebasables límites de éste. Se genera una sensación de falta de alternativas y la única esperanza parece residir en modificarlo desde sus entrañas, revolucionarlo desde el interior en lugar de destruirlo. Si todos habitamos en el estómago de la bestia, quizá no podamos acabar con ella pero sí podemos hacerla vomitar, provocarle el atragantamiento, la indigestión.

Esta exposición pretende realizar una incursión en los mecanismos de funcionamiento del sistema a través de seis artistas cuyos trabajos retratan algunos de los episodios que evidencian de forma más clara las heridas abiertas del capitalismo, síntomas de su decadencia y grietas por la que pueden abrirse paso las estrategias de desmontaje y de reinvención.

La mirada de Louidgi Beltrame nos lleva hasta la isla japonesa de Gunkanjima, un escenario fantasmal que desde mediados de los 70 está habitado únicamente por las ruinas de lo que en otro tiempo fue una rentable y superpoblada explotación de carbón. Los relatos cargados de ironía de Adrián Melis evidencian las paradojas cotidianas del mundo laboral y, proyectos como ‘Vigilia‘ o ‘El valor de la ausencia‘, reflejan a la perfección la pasividad y el desinterés de los trabajadores hacia su propio trabajo. Por su parte, Ge Jin cuenta a través de su documental ‘Gold Farmers‘ la historia de miles de jóvenes granjeros chinos que pasan horas jugando a videojuegos on-line para conseguir dinero virtual que luego intercambiarán por dinero real, diluyendo así las fronteras entre la realidad y la ficción virtual, entre el juego y el trabajo. La obra de Marisa González se acerca a la cotidianeidad de las trabajadoras domésticas filipinas que, en su único día libre, ocupan el Distrito Financiero de la ciudad para comer, charlar o jugar a las cartas, transformando así el espacio y dotándolo de un nuevo significado. En el ámbito local, el proyecto ‘Ficciones Anfibias‘ de María Ruido reflexiona sobre la deslocalización de las industrias textiles en Terrassa y Matarò y las condiciones de precariedad generadas por este fenómeno, resultado directo de la globalización. Por último, Pep Admetlla y el equipo de Spacegap-ArchitectureSTUDIO hacen un recorrido por los antiguos enclaves industriales de Girona y los nuevos usos que se les está dando a estos espacios ahora obsoletos y faltos de memoria.

Enlaces: Bòlit Centre d’Art Contemporani de Girona

Temor y deseo de ser devorados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *