Tom DiCillo: When You’re a Strange

Posted on
Por Bill Jiménez

La primera impresión tras ver When you’re a strange, el documental de Tom DiCillo sobre The Doors, es que se puede hablar de una figura tan controvertida como Jim Morrison sin dejarse llevar, como hiciera Oliver Stone, por las excentricidades del mito. DiCillo, declarándose imparcial, reúne para la ocasión un metraje inédito durante décadas y lo ordena cronológicamente teniendo como sutil línea argumental las imágenes filmadas por el propio Morrison en su película HWY: An American Pastoral (codirigida en 1969 junto a Paul Ferrara). En ellas, el músico y poeta recorre el país en una incierta huída, casi documental y definitivamente experimental, un trabajo de llamativa calidad que incluso arrojó dudas acerca de su procedencia y cuya autenticidad ha defendido DiCillo en reiteradas ocasiones.

Por lo demás, When you’re a strange habla de una historia que ya conocemos, aunque a su favor tiene la confirmación visual de muchos detalles, como la timidez inicial de Morrison en el escenario a su posterior y meteórica transformación en un ídolo. Las imágenes hablan por sí solas y la narración de Johnny Depp (intermediario con el público tras descartarse una primera versión del propio DiCillo) se pregunta hasta qué punto la estrella jugaba con sus fans, dándoles, aparte de un artista de profunda sensibilidad, un ídolo al que venerar en una época tan convulsa como los sesentas. No cabe la menor duda, Jim Morrison era un hombre muy inteligente. Sabía lo que la gente quería y lo ofrecía multiplicado por diez. Sus movimientos, declaraciones y actitud hacia el sistema bastaron para llenar salas y estadios, al menos hasta que comenzaron los escándalos. Porque, aunque DiCillo no juzgue las adicciones de Morrison (marcada quizá por esa familia que él consideraba muerta y a cuya cabeza estaba un padre militar), es cierto que el constante consumo de drogas y alcohol hicieron tanto bien como mal a su carrera, llegando a amenazar en algunas ocasiones la estabilidad de la banda.

Porque The Doors era una conjunción de talentos que se respetaban mutuamente. Morrison personaje dependía de ellos para desplegar sus encantos, y aunque los medios se empeñaron en lo contrario, nunca hubo eclipses en el seno de la banda. Ray Manzarek, John Densmore y Robby Krieger eran músicos ante todo y lucharon por la supervivencia del grupo, pero Morrison había escogido un camino sin remedio y falleció en extrañas circunstancias el 3 de julio de 1971. La drogadicción y posterior alcoholismo quebraron su cuerpo, e incluso muerto, el mito siguió engordando hasta el presente, donde su figura no ha perdido vigencia pese a los 40 años que han transcurrido desde su deceso. Atrás queda la calidad de sus álbumes, una importante carrera como poeta y diversos trabajos cinematográficos, facetas de un talento desbordante que agitó a toda una generación. La imagen de Jim Morrison y el cordero tomada durante el polémico concierto de The Doors en Miami (motivo para una posterior caza de brujas hacia la banda) se rebela premonitoria. Jim, con la frondosa barba que usaba para evitar la idealización de su imagen, se erige mártir inconsciente de una causa caracterizada por la libertad y la oposición a las reglas.

Morrison fue uno de los últimos héroes de la música moderna antes de que ésta se convirtiera en un arte de escasa trascendencia social. Un héroe trágico en todos los sentidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *