Triángulo de Amor Bizarro: Año Santo

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Por Bill Jiménez

Dicen que la geometría es una constante en el universo, y aunque mis nociones sean bastante básicas, al menos sé distinguir entre triángulos, cuadrados y círculos.

Triángulo, el de Amor Bizarro, un grupo girando en la actualidad por media España, y cuyos conciertos sirven de excusa para analizar (con descarado entusiasmo) su último disco, caracterizado por lo que un crítico decente llamaría ‘evolución’.

Cuadrado, por los vértices que lo conforman en la actualidad, surgidos tras unas cuantas sacudidas a su formación original; un discreto baile de músicos que, en lugar de resentir el conjunto, lo ha consolidado, permitiendo a este ‘Año Santo’, adoptar una última forma: el círculo.

‘Año Santo’ es un disco redondo, y en cierto sentido desconcertante al no ser más de lo mismo, ni tampoco algo en exceso distinto. Si bien se aleja de la cara más pop de su debut y se sumerge sin complejos en sus habituales estridencias, logra que esta dicotomía resulte saludable y atractiva.

Porque Triángulo de Amor Bizarro es un grupo de muchos encantos sonoros, la mayor parte rendidos al ruido y a la velocidad, un sonido oscuro y sofocante que ha cedido cierto terreno ante la producción y que, si resulta sucio, ya no es por casualidad.

Su apartado lírico tampoco tiene desperdicio. En ‘Año Santo’ hay mucha crítica escondida entre líneas, referencias políticas y religiosas y algún que otro (siempre efectivo) alegato romántico que hace de la escucha de esta media hora una satisfacción doble. Por un lado la musical, y por el otro, la emocional: Triángulo de Amor Bizarro han sobrevivido a un segundo asalto, y con la cabeza muy alta. Ahora, a disfrutarlos en concierto.

Por Bill Jiménez

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