Viajes en el tiempo y misteriosas desapariciones en La Capella

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Por Javier Girón
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Por Javier Girón

La edición de BCN Producció 2011 arranca con dos jóvenes artistas en un ciclo de muestras que se irán sucediendo hasta el verano. Eva Fàbregas y Lúa Coderch inauguran, respectivamente, la Sala Gran y el Espai Cub. Hasta el 3 de abril.

En Catalogació, Eva Fàbregas despliega una instalación cuya pieza principal es 1959-1895 (Avrocar), una película en 16 mm que muestra un fragmento del vuelo de prueba de una aeronave militar experimental de los EEUU durante la Guerra Fría, semejante a un platillo volante. La imagen, ambigua e indeterminada, entra en conexión con el resto de elementos de la instalación, casi todos ellos procedentes de un vuelo espacial destinado a un hipotético encuentro con extraterrestres: unos altavoces que emiten ocasionalmente el sonido de un tren al pasar; fotografías sobre la vida en la Tierra destinadas a ser mostradas a seres de otros mundos; un trozo de material indetectable para el radar. Referencias a malogradas acciones que quisieron hacer futuro y que se quedaron en el intento, es decir, que son ya pasado. Este salto entre eventos temporalmente distantes, este diálogo continuo entre el avance hacia la modernidad y el anacronismo, apunta a ser un leitmotif en la incipiente obra de Eva.

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El resultado es una muestra de contención formal y conceptual, de conexiones débiles y nociones difusas. Una instalación fría (casi excesivamente) que se diluye en el vasto espacio de La Capella. Un paseo en semipenumbra en busca de un invisible hilo poético que una esos pocos elementos dispersos. Pero nadie dijo que la puesta en juego de una idea fuese fácil, y Eva tiene toda una vida por delante.

La propuesta de Lúa Coderch, Estratègies per desaparèixer, parte también de una interesante idea: la de que el acto creativo, al igual que el acto terrorista, proviene de la deslealtad al sistema. Es un acto singular ubicado más allá de todo cálculo, más allá de toda previsibilidad. Pero para ello el artista, del mismo modo que el terrorista, debe antes desaparecer. Confundirse con el medio, diluirse en la amalgama de lo anónimo e inerte. Ecos de Baudrillard que resuenan en el pequeño Espai Cub en forma de luz semifundida, de silla y de caja llena de fotografías iguales, fotografías donde un árbol ha sido talado: ha desaparecido del bosque. Y en lo alto, una planta semioculta que crece casi en secreto. Pura potencia que quizá acabe convirtiéndose en acto. O que quizá provenga de éste.

Contra todo pronóstico, de repente sonará un teléfono. Alguien quiere darte algunas lecciones sobre cómo desaparecer con éxito. Coger tu coche, abandonarlo en un barrio peligroso con las llaves puestas y marcharte. O aprender de los errores de Marcus Schrenker, quien fue detenido al intentar simular su propia muerte saltando de su avioneta en pleno vuelo. Simplemente toma el teléfono y escucha con atención. Quién sabe si volveremos a verte. En todo caso, lo cierto es que la visita es bien recomendable.



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