Vida y muerte de un tirano

Quiero pensar que el petróleo tiene los días contados, que en cincuenta o cien años su reinado será historia y nuestro mundo disfrutará de otras fuentes de energía. Ya sea sueño o exceso de optimismo, me alegra saber que los hombres y mujeres del mañana tendrán una referencia tan sólida como las fotografías de Edward Burtynsky, una obra que les permitirá comprender –que no disfrutar– las proezas de este monstruo moderno.

Y tras nacer en la galería Corcoran de Washington y hacer escala en Toronto, Amsterdam, Estocolmo y Bad Homburg, le ha llegado el turno a Madrid y a la galería Arnés y Röpke. En ella se documenta la gloria y decadencia de este combustible, su alianza con la industria y posterior enfrentamiento con la naturaleza, una pírrica batalla en la que cambian los hombres, las sociedades y las geografías por el bien de un supuesto progreso. Burtynski no se posiciona, pues su especialidad es mostrar el lado bello del paisaje, aunque sean interminables pozos de extracción, fábricas muertas, laberintos de carreteras que actúan de intermediarios y, la parte más dramática, los incontables cementerios donde el petróleo y todo vehículo que en alguna ocasión se nutrió de él, duermen el sueño de los justos a la espera de esa utopía llamada reciclaje. Burtynsky ha caminado por todos ellos, olido la decadencia e imaginado el esplendor que contuvieron.

La conclusión de «Oil» es confusa, una contradicción como la mera existencia del petróleo. La necesidad derrotando a la prudencia y el objetivo de una cámara vaticinando el fin de una era que no necesariamente puede conducir a algo mejor.

Tiempo al tiempo, y aunque quizá nosotros no lleguemos a verlo, el petróleo sí. Al menos como contaminación.

Texto: Oswaldo Reyes
Imágenes (c) Edward Burtynsky

Enlace: Web oficial | Galería Arnés y Röpke