Categorías
Artículos Publicaciones

Wislawa Szymborska: La realidad cambia

Cuando en 1996 la poeta Wislawa Szymborska ganó el Premio Nobel de Literatura sucedió lo que sigue sucediendo ahora. Nadie conocía a una escritora de uno de los países más olvidados del mapa: Polonia. Y lo que es más grave, ni siquiera se habían traducido sus poemas al inglés. Las redacciones de los periódicos han cambiado mucho en los últimos 15 años (por lo pronto ahora imperan las redacciones digitales o las que aúnan web con papel, en detrimento de éste que, quien sabe, quizá llegue a desaparecer) pero algunas cosas siempre son iguales. Poeta desconocida gana el Nobel. Como nadie sabe nada de la autora misteriosa el que sabe un poco, por poco que sea, se llevará los galones y, en ocasiones, la rapidez, la periodística necesidad de ser el primero en llegar, lleva a errores de bulto.

Esto fue lo que les pasó a dos diarios estadounidenses de renombre, The New Yorker y The New Republic, cuando terminaba el mes de octubre de 1996. Szymborska había ganado el Premio Nobel el día 3 y estos periódicos  ofrecieron la traducción al inglés de uno de los poemas de la polaca, que en España se conoce por el título ‘A algunos les gusta la poesía’. Primer impacto. ¿Nadie en Estados Unidos había traducido ningún poema de Szymborska antes de que ganara el Nobel? Pues no, parece que nadie. Luego las prisas, luego el periodismo y sus vicios, y el resultado produce el segundo impacto. Dos poemas que cambiaban el sentido del poema original, escrito en polaco, o al menos provocaban dudas, puesto que entre ellos el tono era distinto.

El conflicto viene bien a la hora de reivindicar la importancia de un buen traductor. Que a un poeta le traduzca otro poeta, y que el viaje sea una inmersión. Pero la realidad no sorprende, «la realidad exige», dice la propia Wislawa, y España no escapa de la tónica estadounidense que acabo de retratar. En el prólogo de ‘Lecturas no obligatorias‘, textos en prosa de Szymborska que acaba de editar Alfabia, Manel Bellmunt Serrano dice:

Cuando la Academia sueca concedió el 3 de octubre de 1996 el Premio Nobel de Literatura a Wislawa Szymborska, en nuestro pais sólo unos pocos conocían su obra poética y se encontraban en disposición de enumerar lo méritos que le habían hecho acreedora del galardón. Así que cuando la noticia se dio a conocer, la mayoría se encogió de hombros y trató de recabar información sobre esa autora polaca llamada Wislawa Szymborska. Era, dicho sea de paso, una reacción del todo normal: en España sólo se habían publicado por entonces algunos poemas de Szymborska en una antología de Fernando Presa González. Pero en Europa la situación era otra.

Me permito dudar, sin embargo, de que las cosas hayan cambiado en los últimos años. No es que sea difícil adentrarse en poéticas extranjeras si no se conoce el idioma; es que es imposible. Y en el caso de un género como la poesía la labor del traductor cobra una especial importancia. Los traductores han de ser poetas, y capaces de vivir con el autor del que traducen sus palabras, es decir, comérselas. Pero la actualidad nos acerca a la gracia cuando coinciden en el tiempo dos publicaciones que interesan y son, además, muy diferentes entre ellas. De un lado el volumen que prologa Bellmunt para Alfabia, una serie de textos que recogen los artículos que Szymborska ha publicado en la prensa polaca durante décadas. De ellos habla ella misma:

Aquel que califique estas ‘Lecturas folletinescas’, estará en lo cierto. Quien se empecine en que son reseñas se llevará a un desengaño.

Los textos son breves,dignos de diario, y brillantes, dignos de Wislawa. Sorprende y agrada imaginar a Wislawa contando a los lectores polacos la historia de El Cid Campeador, cuando le toca hablar de la traducción del libro en Polonia. Wislawa tiene el poder, o la sabiduria, de ser al mismo tiempo candorosa y punzante. Y si en los poemas se aprecia esta mezcla de extremos, de forma especial se observa en la prosa donde uno de los elementos fundamentales de su estilo, la ironía, se deja ver en cada uno de los artículos.

Pero el lector interesado en esta señora de más de 80 años que sigue viviendo en la misma casa de Cracovia que ya habitaba cuando le dieron el premio más renombrado del mundo tiene la oportunidad de disfrutar, al mismo tiempo, de su poesía y de su prosa. La editorial Bartleby, siempre cerca de los poetas, acaba de publicar en edición bilingüe ‘Aquí‘, un poemario que se publicó en Polonia en enero. Redoble de tambores para los traductores, difícil tarea la de adentrarse en un mundo y respetarlo mientras se convierte en otro. Pero insisto, y ella insiste, la realidad exige.

Texto e Imagen: Rebeca Yanke

La realidad exige
que lo digamos bien claro:
la vida sigue su curso.
Sucede así en Cannas y en Borodinó,
en los llanos de Kosovo y en Guernica.

Hay una gasolinera
en una pequeña plaza de Jericó,
hay bancos recién pintados
cerca de Bila Hora.

Las cartas van y vienen
entre Pearl Harbor y Hastings,
pasa un camión de muebles
bajo la mirada del león de Queronea
y solo un frente atmosférico amenaza
los florecientes jardines cercanos a Verdún.

Hay tanto de Todo
que lo que hay de Nada queda muy bien cubierto.
De los yates de Accio
llega la música
y en la cubierta, al sol, bailan las parejas.

Pasan siempre tantas cosas
Que seguro tienen que pasar en todas partes.
Donde hay piedra sobre piedra
hay un carro de helados
cercado por los niños.

Donde estaba Hiroshima
de nuevo está Hiroshima
y se siguen produciendo
objetos de uso cotidiano.

No le faltan encantos a este hermoso mundo
ni tampoco amaneceres
para los que merece la pena despertar.

En los campos de Macejowice
La hierba es verde,
y en la hierba, como pasa en la hierba,
la escarcha, transparente.

Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,
los aún recordados,
los hoy ya olvidados,
bosques de cedros y bosques de abedules,
nieves y arenas, pantanos irisados
y barrancos de negro fracaso
donde en caso de urgencia
satisfacemos ahora nuestras necesidades.

Qué moraleja sale de todo esto: parece que ninguna.
Lo que de verdad sale es la sangre que seca rápida
y siempre algunos ríos, algunas nubes.

En esos desfiladeros trágicos
el viento se lleva los sombreros,
y es inevitable:
la imagen nos da risa.

Wisława Szymborska, Fin y principio (Koniec i początek)
Traducción de Abel A. Murcia Soriano

Los comentarios están cerrados.